Palíndroma/Neftalí Celis Toral

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Al caballo se le acaricia para montarlo.
Con la Reforma al poder judicial, muchos jueces, magistrados y hasta ministros, permanecerán en un lugar que les corresponde por mérito propio, con años de estudio, capacitación, reflexión y ejercicio de la profesión con honorabilidad y probidad. Otros, llegan impulsados por la ambición presidencial de contar con aliados en el poder que, constitucional e históricamente ha equilibrado la intemperancia de los poderes ejecutivo y legislativo.
Concluye una época, materializada en la renovación de la Suprema Corte de Justicia, donde prevaleció la razón legal por encima de cualquier interés político o seducción económica. No es necesario decir que en casi treinta años de litigio, conocí oficiales, actuarios, secretarios, jueces, magistrados y ministros y tuve la oportunidad de conversar o argumentar presencialmente algún tema jurídico, no es necesario porque bastan las sentencias, las ejecutorias o las tesis de cada operador judicial para vislumbrar el criterio que prevalecía al dictarlas, apegándose –sobre cualquier cosa- a la norma legal y a los hechos conocidos en cada expediente.
No dudo que había excepciones. Aunque fueron más las sentencias que buscaron encontrar la verdad, la equidad, la seguridad jurídica, la protección de los derechos humanos y la justicia.
A falta de tres poderes legalmente constituidos, el poder ejecutivo, henchido de gloria y atribuciones, será la máxima influencia en cada juzgador, quien reconocerá –ni siquiera en la democracia- sino en los acordeones y en la retórica de los operadores gubernamentales, al poder de poderes, al poder supremo, al ejecutivo que los colocó en una boleta y –en un acordeón- y con ello, un juzgador soslayará el legal raciocinio, sustituyéndolo por la seducción que representa una visible alianza con la presidenta de la república y sus cercanos.
Al caballo se le acaricia para montarlo.
Cada juez, magistrado o ministro, que recibió un voto dirigido, es una lisonja del gobierno para someterlo a su voluntad.
Dignos aquellos, que prefirieron alejarse del ejercicio constitucional de crear justicia a partir de los hechos, de la verdad jurídica y de las pruebas contenidas en autos, elementos indispensables para resolver conforme a la ley.
No sólo los abogados, también serán indispensables para recuperar la república formal y de facto, todas y todos los mexicanos que den signos, evidencias y señales inequívocas, de que pretendemos un poder judicial al servicio de la nación, y no un caballo montado por el poder ejecutivo