Entre Tirios y Troyanos/Fernando Mendoza (*)

* Murió “El Mencho” no el sistema criminal*
Por definición, los Estados se prueban en sus crisis. México acaba de entrar en una de ellas.

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no es simplemente la caída de un capo más en la larga y sangrienta historia del narcotráfico mexicano. Es, en términos estructurales, el evento más trascendental en la seguridad nacional desde la captura y extradición de Joaquín Guzmán en 2016. Pero su significado profundo no reside en el hecho operativo, sino en las consecuencias sistémicas que desatará.
Para comprender su dimensión, es necesario entender primero el tamaño del adversario que el Estado mexicano ha neutralizado. El CJNG no era un cártel convencional. Según la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), para 2024 el CJNG tenía presencia operativa directa en al menos 28 de las 32 entidades federativas mexicanas y presencia logística en más de 40 países. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo consideraba una de las cinco organizaciones criminales más peligrosas del mundo.
En México, su expansión coincidió con uno de los periodos más violentos de la historia reciente. Entre 2015 y 2023, el país registró más de 250,000 homicidios dolosos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Tan solo en 2020, el año más violento registrado, se contabilizaron 36,773 homicidios. El CJNG fue un actor central en esa escalada.
La muerte de su líder representa, sin duda, una victoria operativa del Estado. Pero sería un error histórico interpretarla como una victoria definitiva.
Los grandes líderes criminales no solo dirigen organizaciones: encarnan un sistema de poder. El Mencho no era un simple operador. Era el arquitecto de una organización que redefinió el modelo criminal mexicano. A diferencia del Cártel de Sinaloa, que históricamente operó bajo un modelo federado, el CJNG era una estructura altamente centralizada.
Su liderazgo combinaba tres dimensiones críticas, primero, el control operativo territorial, segundo, coordinación financiera internacional y tercero, autoridad simbólica interna, su eliminación rompe esa verticalidad.
La historia criminal mexicana demuestra que la caída de líderes produce efectos paradójicos. La muerte de Arturo Beltrán Leyva en 2009 fue seguida por la fragmentación de su organización en al menos seis células rivales, lo que detonó una ola de violencia que elevó la tasa nacional de homicidios de 8 por cada 100,000 habitantes en 2007 a más de 23 en 2011.
La captura de Joaquín Guzmán tampoco redujo la violencia de inmediato. Por el contrario, entre 2016 y 2018, México registró los dos años más violentos de su historia moderna.
El patrón es claro: la eliminación de líderes criminales debilita estructuras en el largo plazo, pero desestabiliza el sistema en el corto plazo.
Desde el punto de vista político, la muerte del Mencho fortalece inmediatamente al gobierno mexicano. El Estado ha demostrado capacidad para neutralizar al criminal más buscado del país. Esto tiene implicaciones profundas en términos de legitimidad institucional.
Durante años, el discurso dominante, tanto en México como en el extranjero, cuestionaba la capacidad real del Estado para confrontar a las organizaciones criminales más poderosas. El CJNG había demostrado una capacidad militar sin precedentes. En mayo de 2015, el cártel derribó un helicóptero militar Cougar EC725 con un lanzacohetes RPG, matando a nueve elementos de las fuerzas federales. Fue un hecho sin precedentes que evidenció el nivel de militarización de la organización.
La eliminación de su líder revierte parcialmente esa narrativa.
Sin embargo, el fortalecimiento político inmediato conlleva un riesgo igualmente significativo: la elevación de expectativas. Si la violencia no disminuye en los próximos meses, el logro podría diluirse en la percepción pública.
En política, la legitimidad es volátil, el principal riesgo no es la desaparición del CJNG es su fragmentación, las organizaciones criminales funcionan como sistemas adaptativos. Cuando pierden su liderazgo central, no desaparecen. Se reconfiguran.
Existen tres escenarios probables:
Primero, una sucesión interna. El problema es que el heredero natural, Rubén Oseguera González, se encuentra bajo custodia estadounidense. Su capacidad de control es limitada.
Segundo, el surgimiento de liderazgos regionales. Este es el escenario más probable. Comandantes territoriales podrían disputar el control de plazas estratégicas, generando conflictos internos.
Tercero, la absorción territorial por organizaciones rivales, particularmente el Cártel de Sinaloa, que mantiene presencia consolidada en la frontera norte y redes logísticas internacionales más antiguas.
Históricamente, estos procesos generan aumentos temporales de violencia. El fenómeno tiene una lógica estructural: cuando el control central desaparece, múltiples actores compiten por recursos finitos.
El crimen organizado, en esencia, es un mercado.
La muerte del Mencho no puede entenderse sin el contexto geopolítico.
Estados Unidos tiene un interés estratégico directo en la desarticulación del CJNG, particularmente por su papel en el tráfico de fentanilo. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), más de 70,000 estadounidenses murieron por sobredosis de opioides sintéticos en 2023.
El CJNG era uno de los principales proveedores.
Esto explica el papel central de la inteligencia estadounidense en su localización. La cooperación bilateral en materia de seguridad ha alcanzado niveles sin precedentes.
Pero esta cooperación también tiene implicaciones políticas internas en México. Alimenta narrativas de dependencia estratégica y cuestionamientos sobre soberanía.
El equilibrio entre cooperación y autonomía será una variable crítica en los próximos años.
Para la sociedad mexicana, la muerte del Mencho genera una reacción ambivalente, por un lado, representa la reafirmación del Estado, es una señal de que ninguna figura criminal es intocable, pero por otro, genera incertidumbre.
El crimen organizado no es solo una estructura violenta. Es también una estructura económica. En muchas regiones, controla empleos, regula mercados locales y ejerce funciones cuasi gubernamentales, su fragmentación puede generar vacíos de poder y estos vacíos rara vez permanecen vacíos.
La historia ofrece una lección inequívoca: la eliminación de líderes criminales es una condición necesaria, pero no suficiente, para debilitar al crimen organizado.
El verdadero poder de estas organizaciones reside en tres factores:
Su capacidad financiera.
Su penetración institucional.
Su base social.
Si el Estado no desmantela estas estructuras, el sistema criminal se regenerará, así lo observamos en el caso Colombia, en el se ofrece un precedente ilustrativo. La muerte de Pablo Escobar en 1993 no eliminó el narcotráfico. Lo transformó. Las grandes organizaciones fueron reemplazadas por redes más pequeñas, más flexibles y más difíciles de combatir, México podría enfrentar un escenario similar.
La muerte del Mencho es, sin duda, una victoria histórica. Pero las victorias tácticas no garantizan victorias estratégicas. El verdadero significado de este evento no se definirá en el día de hoy, ni en las próximas semanas, se definirá en los próximos años. Se definirá por la capacidad del Estado para aprovechar esta ventana de oportunidad Para desmantelar redes financieras, recuperar control territorial y fortalecer instituciones locales; de lo contrario, el sistema criminal se regenerará una vez más.
México se encuentra en un punto de inflexión.
El Estado ha ganado una batalla decisiva.
Pero la guerra por el control del país —por su soberanía real, no formal— está lejos de terminar.
La muerte del Mencho no es el final de una historia.
Es el comienzo de una nueva.

*Facebook / Instagram: Fernando Mendoza*
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*Correo: fermendozanunez@hotmail.com*
Este análisis se elaboró con información de:
Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), Secretaría de Marina (SEMAR), Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Drug Enforcement Administration (DEA), Federal Bureau of Investigation (FBI), United States Department of the Treasury (OFAC), Centers for Disease Control and Prevention (CDC), United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC), International Crisis Group, Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), El Colegio de México (COLMEX), Wilson Center – Mexico Institute, Proceso, El Universal, Reforma, Milenio, The New York Times, Insight Crime.
*Su estructura fue filtrada en más de 5 plataformas diferentes*

* Académico, Analista Político y Consultor Media Training