* INTOLERANCIA RELIGIOSA EN UNA SECRETARÍA DE CULTURA
Una pastora de una entidad federativa organizó un encuentro de mujeres con motivo del Día Internacional de la Mujer. En el evento planeaba ofrecer charlas, manualidades y bocadillos. Todo con el único propósito de promover los valores entre mujeres de distintas edades y clases sociales. Se calculaba un aforo de más de 70 personas, provenientes de distintos municipios del Estado, así como de otras entidades federativas.
A la pastora le habían presentado a un funcionario de la Secretaría de Cultura, quien amablemente le externó que tenían dos salones disponibles y que incluso la podrían apoyar con el préstamo de las mesas y sillas para realizar los talleres. Lo único que le pidió fue que enviara un correo electrónico y que formalizara la solicitud por escrito.
Cuando la pastora acudió a la Secretaría de Cultura del Estado a dejar el oficio, se enfrentó con la mala actitud de la funcionaria pública que “atiende” a la ciudadanía. De manera altanera, alzó la voz y le reclamó que por qué no había dirigido el oficio a la “maestra” solamente, le recriminó por haber turnado copia al “Licenciado”. Mientras le hablaba de manera agresiva, golpeaba el oficio con la mano. También le recriminó que no especificaba con claridad el nombre del salón que quería solicitar. La pastora quedó espantada de semejante reacción. No quiso preguntarle su nombre para evitar más groserías. Sin embargo, antes de irse, le preguntó a la funcionaria si ella era la persona responsable de atender a la ciudadanía, a lo que le respondió que “ella siempre estaba ahí”. A los cinco minutos recibió un correo electrónico en donde le negaban todo tipo de apoyo.
La funcionaria del gobierno estatal que la discriminó parece no entender el significado de la palabra CULTURA, que, según la Real Academia Española, es el “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social”. La religión forma parte de la cultura, ya que moldea la identidad, moralidad y tradiciones de una sociedad. Es innegable el hecho de que la religión ha influido en el arte, la música y la arquitectura en todas las civilizaciones.
Cuando una activista contactó a una funcionaria pública municipal para solicitar ayuda, se encontraron con una actitud diametralmente opuesta. Se nota cuando en una administración pública se hace el esfuerzo en apoyar a las personas sin importar su credo, ideología, posición social o nivel socioeconómico. El evento de mujeres se pudo llevar a cabo en las instalaciones del ayuntamiento. Las charlas fueron bellísimas: resiliencia, amor propio y cómo combatir la ceguera emocional. Las mujeres que asistieron salieron renovadas y felices.
Comparto esta historia porque la discriminación religiosa no debe ser tolerada NUNCA. Si alguno de nosotros recibe un trato injusto, no nos rindamos… Busquemos otras opciones para sacar adelante nuestros proyectos. Que la ignorancia de un funcionario no limite nuestra fe. También es importante reconocer a los funcionarios que de verdad se esfuerzan en cumplir con los mandatos constitucionales de la tolerancia, la apertura y el respeto. Debemos hacer equipo con quienes sí se puede trabajar.



