* CEAPP, elefante blanco creado por Javier Duarte
El asesinato de periodistas comenzó en el gobierno de Javier Duarte. La arremetida violenta inició con colegas de Notiver y se expandió a otras zonas del estado.
Fue entonces que a la vocera de Javier Duarte, Gina Domínguez, se le ocurrió la idea de crear la CEAPP. Ahí pusieron como secretaria ejecutiva a Namiko Matzumoto y como comisionados a puros colegas afines al régimen. O sea, que no es nuevo que la CEAPP albergue a tundeteclas amigos y amigas del gobernador en turno.
Y desde entonces, la CEAPP ha servido como “tapadera” del gobierno. Jamás ha sido un ente autónomo. Siempre ha sido ese organismo una agencia de colocaciones para comunicadores que publican loas a quienes ostentan el poder. El actual Presidente, por tan sólo citar un ejemplo, cada semana entrevista a la Gobernadora en tono exageradamente “respetuoso”. Jamás una pregunta que incomode o que moleste a la mandataria. Le pone a la doña -para estar a tono con la fiebre mundialista- puras pelotas para que meta gol. Las otras gárgolas que integran la CEAPP hacen lo mismo. Todas sus columnas también son para quemarle incienso a la Tía Chío y para “golpear” a los enemigos del régimen.
La CEAPP nunca debió haber existido. Si la Fiscalía y el Poder Judicial realmente hicieran su chamba y procuraran justicia pronta y expedita, no sería necesaria la existencia de “elefantes blancos” que le cuestan a los ciudadanos que pagamos impuestos.
Los periodistas en el sexenio de Javier Duarte exigían justicia y un alto a la violencia contra sus colegas. Nunca pidieron la creación de un organismo o ente que sólo sirve para pagar “chayos” institucionalizados a lamebotas.
Hoy exigimos lo mismo: JUSTICIA para los colegas caídos o la colega Roxana, quien recientemente fue “levantada”. Basta de criminalizarlos a priori. Si algún compañero o compañera cometió un delito al margen de su oficio periodístico, que se aplique la ley. No debemos ser intocables por el solo hecho de portar un gafete o una credencial. Pero tampoco se vale, desde el poder y con periodistas “aliados”, descalificar o satanizar en automático sin antes realizar una investigación seria y responsable.



