Entre Tirios y Troyanos/Fernando Mendoza

* CEAPP: EL GRAVE ERROR DE OLVIDAR EL POR QUÉ DE SU EXISTENCIA*

En los últimos días se ha intensificado el debate sobre el futuro de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas de Veracruz (CEAPP). Las discusiones han transitado entre quienes consideran necesaria su desaparición, quienes defienden su permanencia y quienes plantean la urgencia de una reforma profunda que le permita responder de mejor manera a los desafíos actuales.
Como suele ocurrir en los debates públicos, existe el riesgo de que la discusión termine concentrándose en las personas y no en las instituciones; en las coyunturas y no en las causas; en las percepciones y no en los hechos.
La discusión de fondo no debería ser quién encabeza hoy la CEAPP, ni siquiera quién podría encabezarla mañana, tampoco debería centrarse exclusivamente en las deficiencias que legítimamente puedan señalarse sobre su funcionamiento.
El cuestionamiento es de mucho mayor profundidad: ¿Sigue necesitando Veracruz un organismo especializado en la protección y atención de periodistas?
La creación de la CEAPP, no fue producto de una ocurrencia burocrática ni de una moda administrativa, surgió cuando el Estado reconoció una realidad que resultaba imposible ignorar: el ejercicio periodístico enfrentaba riesgos específicos que requerían mecanismos específicos de atención y protección.
Veracruz atravesaba entonces momentos particularmente complejos para la libertad de expresión; las agresiones, amenazas y condiciones de vulnerabilidad para periodistas colocaron el tema en la agenda pública y obligaron a las instituciones a asumir una responsabilidad que durante años había sido insuficientemente atendida.
La creación de la CEAPP representó, en ese contexto, el reconocimiento institucional de un problema real.
Independientemente de los aciertos o errores que pueda haber acumulado la Comisión a lo largo de los años, el problema esencial permanece vigente ya que las condiciones que justificaron su existencia no han desaparecido.
Los riesgos asociados al ejercicio periodístico continúan presentes. Las presiones políticas, económicas, sociales e incluso criminales que enfrentan muchos comunicadores siguen siendo parte de una realidad que no puede ignorarse.
Por ello, quienes plantean la desaparición de la CEAPP tienen la responsabilidad de responder una interrogante fundamental: si el organismo deja de existir, ¿qué institución asumirá de manera especializada las funciones que hoy desempeña?
La protección de periodistas no desaparece porque desaparezca una oficina, la necesidad permanece, por ello, el debate no debe centrarse en eliminar instrumentos, sino en perfeccionarlos.
Eso no significa afirmar que la CEAPP sea perfecta, ninguna institución pública lo es, toda organización creada por el Estado está obligada a revisar permanentemente sus procesos, transparentar sus decisiones, evaluar sus resultados y corregir aquello que no funciona.
La crítica institucional es necesaria y la autocomplacencia es peligrosa.
Existen observaciones legítimas respecto de áreas de oportunidad, mecanismos de operación, niveles de eficacia y formas de vinculación con el gremio periodístico. Ignorarlas sería tan irresponsable como pretender que la desaparición constituye por sí misma una solución, porque reformar y desaparecer son cosas distintas.
Las instituciones no deben juzgarse exclusivamente por las personas que temporalmente las encabezan, estas son circunstanciales y las funciones son permanentes
Si existen cuestionamientos sobre liderazgos, decisiones o resultados, las democracias cuentan con mecanismos para corregirlos. Lo que resulta más difícil es reconstruir instituciones una vez que han sido desmontadas.
En este contexto, cobra relevancia el hecho de que la gobernadora Rocío Nahle haya expresado públicamente la disposición de escuchar las voces del gremio periodístico respecto al futuro de la Comisión.
Más allá de especulaciones o versiones que circulan en distintos espacios, hasta este momento no existe una definición oficial sobre el rumbo institucional de la CEAPP. Lo que sí existe es una oportunidad.
La oportunidad de abrir una discusión seria, responsable y de largo alcance sobre el modelo de protección a periodistas que requiere Veracruz para los próximos años.
Quizá el verdadero desafío no sea decidir si la Comisión debe permanecer exactamente igual, tal vez la ruta correcta sea cómo transformarla para que funcione mejor, fortalecer sus capacidades, incrementar su eficacia, o mejorar sus mecanismos de atención, cómo garantizar una mayor cercanía con quienes ejercen el periodismo y construir una institución más sólida, más transparente y más útil.
Una democracia madura no destruye instituciones por sus deficiencias, por el contrario, las corrige, fortalece y moderniza.
La CEAPP puede necesitar cambios, requerir ajustes o demandar una revisión profunda.
Pero cualquier decisión sobre su futuro debería partir de una premisa elemental: distinguir entre los problemas de una institución y la necesidad pública que le dio origen.
Las personas se van y llegan otras, los gobiernos cambian, las coyunturas terminan… pero la obligación de proteger la libertad de expresión permanece y mientras esa obligación siga vigente, Veracruz tendrá que garantizar que existan mecanismos eficaces para hacerla realidad.
Los leo.

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* Académico, Analista Político y Consultor Media Training