* LOS MORENOS NO SE AGUANTAN NI ENTRE ELLOS MISMOS
Algo pasa ahí adentro que no es difícil adivinar, pero seguramente no es nada bueno, con una tendencia a ponerse peor, por la lectura elemental que se da a esos mensajes de discordia, entre los propios morenos que no se aguantan ni entre ellos mismos.
Como hemos leído en otras ocasiones, se armaron los nados sincronizados, pero ahora en contra de Manuel Huerta Ladrón de Guevara y de Delia González Cobos, a unos meses de las elecciones intermedias, lo que provoca muchas especulaciones con diversos matices, pero lo único que demuestran es que a ambos personajes les tienen mucho miedo y a como dé lugar los quieren detener en sus aspiraciones.
A Delia González le faltan dos meses efectivos al frente del Órgano de Fiscalización Superior del Estado (Orfis), es decir, concluirá su encargo el 26 de septiembre y antes de que se desatara ese ataque en su contra, se comenzó a manejar su nombre como posible candidata de algún partido para una diputación federal.
En un principio ella no dijo nada, pero conforme se hicieron insistentes esos comentarios salió a decir que, primero tendría que cumplir con ese compromiso en el Orfis, y después, en caso de ser requerida, tendría que pensarlo.
Esas expresiones se han escuchado mucho en muchos políticos que no dicen sí, pero tampoco dicen que no, que se van a esperar. Y Delia no fue la excepción.
Hasta ahí todo bien, pero algo sucedió, algo no le gusto a alguien del palacio de mármol y comenzó un golpeteo innecesario, que solo afecta a los mismos funcionarios del partido en el poder. Ellos solos se desgastan ante la mirada del respetable público, que muchas veces no acaba de entender que es lo que está pasando ahí.
A los señalamientos que aparecieron en su contra en muchas de esas “columnas”, no les cambiaron ni puntos ni comas y por supuesto menos las palabras.
Antes, ver esos juegos políticos causaban diversión, pero ahora ya lo hacen tan obvio que aburren, gastan el tiempo de los lectores y el desprestigio de Morena sigue creciendo.
De Manuelito Huerta como le dijo el subsecretario de gobierno, tal vez no haya mucho que decir, es un tozudo firme, presume ser de izquierda, pero su formación la obtuvo junto de los políticos-políticos, esos que se dan un baño de aceite y todo se les resbala; difícilmente lo sacan de sus casillas, gusta reunirse en restaurantes modestos; su ropa muy sencilla, aunque ahora ya usa camisas, pero hasta hace un año las playeras eran sus favoritas, por cierto, bastante apretadas.
Su capital político no está en duda y eso lo saben sus opositores, tal vez por eso es la persecución.
Sus declaraciones no las ha corregido, es decir, se sostiene siempre en lo que dice alto y fuerte.
La entonación de sus palabras son con un estilo cantadito, con voz que no trata de imponer, pero es contundente.
La virtud de la paciencia lo acompaña, no se desespera y mucho lo aprendió de Andrés Manuel López Obrador.
Recorre el estado de manera austera y se pueden ver unas leyendas en los municipios lejanos que dicen “Ánimo” y que, evidentemente, son las que hace la gente de su equipo.
Es muy posible que, al ver esas que son algunas de sus características reales y no poses, no encuentren todavía un gallo con suficientes espolones para enfrentarlo y les invade la preocupación a sus opositores auténticos y disfrazados.
Esos funcionarios que hablan de deslealtades, debieran primero hacer una evaluación de desleales y después ponerlos a concursar.
Más claro ni el agua.



