Parte I
*T-MEC, la confianza perdida
*Serie Especial | La crisis de confianza entre México y Estados Unidos
Durante las últimas semanas, el debate público en México se ha concentrado en una pregunta equivocada: ¿se canceló o no el T-MEC? La discusión jurídica tiene relevancia, pero no explica el verdadero alcance de lo ocurrido. El problema no es la vigencia formal del tratado; el problema es el mensaje político que envió Estados Unidos al decidir no extender automáticamente su continuidad más allá de 2036.
En términos legales, el acuerdo permanece vigente, pero en términos estratégicos, la decisión constituye el indicio más importante, desde la entrada en vigor del TLCAN en 1994, de que la confianza sobre la cual se construyó la integración económica de América del Norte ha comenzado a deteriorarse… la confianza, en economía, vale tanto como un tratado.
Durante más de tres décadas, México edificó buena parte de su crecimiento sobre un activo intangible que pocas veces aparecía en los discursos oficiales: la certeza de que las reglas fundamentales de la integración económica con Estados Unidos permanecerían relativamente estables. Esa certeza permitió atraer inversiones, consolidar cadenas regionales de suministro y convertir al país en una de las principales plataformas manufactureras del mundo.
No estamos hablando de un acuerdo comercial cualquiera. El bloque conformado por Estados Unidos, México y Canadá representa cerca del 30 por ciento del Producto Interno Bruto mundial y concentra un intercambio comercial superior a los 1.8 billones de dólares anuales. Para México, además, el mercado estadounidense absorbe alrededor del 80 por ciento de sus exportaciones. No existe otro socio económico con un peso comparable sobre el desempeño de nuestra economía.
Por ello, cuando Washington modifica las expectativas de largo plazo, los mercados toman nota mucho antes que los discursos políticos.
Los inversionistas no asignan miles de millones de dólares pensando únicamente en el presente. Invierten proyectando horizontes de diez, quince o veinte años. La rentabilidad de una planta automotriz, de un parque industrial o de una instalación para semiconductores depende menos de la coyuntura política que de la estabilidad de las reglas que regirán durante toda la vida útil del proyecto.
El economista y Premio Nobel Douglass C. North sintetizó esa lógica con una afirmación que hoy adquiere una vigencia extraordinaria: «Las instituciones existen para reducir la incertidumbre en el intercambio humano.» Cuando las instituciones dejan de ofrecer certidumbre, el costo del riesgo aumenta y cuando aumenta el costo del riesgo, el capital comienza a buscar alternativas.
No estamos frente a un debate semántico sobre la continuidad del T-MEC. Estamos frente a una discusión sobre la confianza que inspira México como socio estratégico de la economía más poderosa del planeta.
Reducir lo ocurrido a un simple acto de proteccionismo por parte del presidente Donald Trump sería intelectualmente insuficiente, tan insuficiente como sostener que todo obedece exclusivamente a decisiones tomadas en México, la realidad, como ocurre con los procesos históricos relevantes, es bastante más compleja.
La revisión del T-MEC dejó de ser una negociación comercial para convertirse en una evaluación integral de la relación bilateral, por eso las declaraciones del representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, apuntan precisamente en esa dirección, el mensaje de Washington ha sido claro: la discusión ya no gira exclusivamente alrededor de aranceles, reglas de origen o acceso a mercados. Hoy incorpora variables propias de la seguridad nacional estadounidense, entre ellas el combate al tráfico de fentanilo, la migración irregular, la presencia de inversiones vinculadas con China en sectores estratégicos, la política energética mexicana y la fortaleza del Estado de derecho.
No se trata de una interpretación aislada, ya que desde hace varios años, centros de análisis como el Center for Strategic and International Studies (CSIS), el Atlantic Council y el Wilson Center advirtieron que la revisión de 2026 estaría profundamente influida por factores geopolíticos y no exclusivamente comerciales. El comercio dejó de analizarse como un tema económico; pasó a formar parte de la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, ese cambio modifica completamente la naturaleza de la discusión.
Las diferencias comerciales admiten negociación, las preocupaciones relacionadas con la seguridad nacional rara vez lo hacen; conviene recordar que esta transformación no comenzó con Donald Trump, durante la administración de Joe Biden ya se observaba una política orientada al fortalecimiento de las cadenas regionales de suministro, la relocalización industrial y la reducción de dependencias estratégicas frente a China. Trump no creó esa tendencia; la radicalizó y la convirtió en una prioridad política, es decir, México enfrenta un cambio estructural en la visión estratégica de Washington, no simplemente un cambio de estilo en la Casa Blanca.
Ahora bien, sería igualmente irresponsable analizar este escenario sin revisar lo ocurrido dentro de nuestras propias fronteras.
Durante los últimos años, México acumuló una serie de factores que inevitablemente modificaron la percepción internacional sobre la estabilidad institucional del país.
Las controversias derivadas de la política energética; las reformas constitucionales impulsadas por la mayoría legislativa; la discusión internacional en torno a la independencia del Poder Judicial; la persistencia de niveles elevados de violencia vinculada al crimen organizado; el crecimiento del tráfico de fentanilo hacia territorio estadounidense; así como las preocupaciones sobre la capacidad del Estado mexicano para ejercer control efectivo en distintas regiones del país, terminaron construyendo un entorno de incertidumbre que no pasó desapercibido para Washington.
No afirmo que cualquiera de estos elementos explique por sí solo la decisión estadounidense, sostenerlo sería metodológicamente incorrecto.
Lo que sí resulta difícil de ignorar es que todos ellos conforman un contexto consistente con el deterioro de la confianza política entre ambos gobiernos, la confianza no es una categoría emocional, es una variable económica.
De acuerdo con el Banco Mundial y la OCDE, la calidad institucional, la seguridad jurídica y la previsibilidad regulatoria constituyen factores determinantes para la atracción de inversión extranjera directa. No basta con ofrecer mano de obra competitiva o ventajas geográficas. Los inversionistas también evalúan la estabilidad del entorno institucional antes de comprometer recursos cuyo retorno se calcula a veinte o treinta años.
Existe, además, un dato que ilustra la profundidad de la integración económica entre ambos países.
Aproximadamente el 40 por ciento del valor agregado de las exportaciones manufactureras mexicanas hacia Estados Unidos incorpora insumos producidos por empresas estadounidenses. En otras palabras, cuando México exporta, también exporta Estados Unidos. Esa interdependencia explica por qué una ruptura abrupta del acuerdo resultaría extraordinariamente costosa para ambas economías y por qué la decisión de mantener vigente el tratado hasta 2036 puede interpretarse como un periodo de transición y no como una ruptura inmediata.
Sin embargo, esa misma interdependencia vuelve todavía más relevante la señal enviada por Washington, porque las economías profundamente integradas no suelen modificar sus expectativas de largo plazo sin razones de fondo.
Quizá la mayor paradoja sea que este episodio ocurre precisamente cuando México parecía tener frente a sí una oportunidad histórica.
El fenómeno del nearshoring, la reconfiguración de las cadenas globales de suministro y la competencia estratégica entre Estados Unidos y China colocaban a nuestro país en una posición privilegiada para atraer inversiones sin precedente. La geografía seguía siendo la misma. La capacidad manufacturera también. Lo que comenzó a cambiar fue la percepción sobre la estabilidad institucional y política del país.
En economía, la percepción suele convertirse en realidad mucho antes que las estadísticas, durante años escuchamos que la principal ventaja competitiva de México era su ubicación geográfica era cierto, pero incompleto.
La verdadera ventaja consistía en combinar esa ubicación con reglas previsibles y una integración comercial respaldada por la confianza de nuestro principal socio. Hoy la geografía permanece… es la confianza la que comienza a ser cuestionada.
Por ello, la discusión nacional no debería limitarse a celebrar que el tratado continúa vigente ni a minimizar la importancia de la decisión estadounidense, tampoco debería reducirse a responsabilizar exclusivamente a Washington de un proceso cuya explicación es mucho más compleja.
La pregunta verdaderamente relevante es otra:
¿Qué ocurrió para que Estados Unidos considerara necesario dejar de garantizar, por primera vez en más de treinta años, la continuidad automática del principal acuerdo comercial de América del Norte?
Responder esa pregunta exige abandonar las consignas políticas y comenzar un análisis mucho más incómodo, porque si la hipótesis de un deterioro en la confianza estratégica resulta correcta, entonces el mayor desafío para México ya no consiste únicamente en preservar un tratado comercial, consiste en recuperar la credibilidad institucional, política y económica que durante décadas convirtió al país en un socio confiable para la mayor economía del mundo.
Los tratados pueden renegociarse, las reglas pueden modificarse, los gobiernos cambian… pero la confianza, por otro lado, tarda décadas en construirse y apenas unos cuantos años en comenzar a perderse, por lo que cuando una nación empieza a perder la confianza de sus socios estratégicos, las consecuencias económicas suelen manifestarse mucho antes de que aparezcan en el Diario Oficial de la Federación.
Continuará…
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Este análisis se elaboró con información de:
Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC / USMCA). Texto oficial. Capítulo 34, Artículo 34.7 «Review and Term Extension», Office of the United States Trade Representative (USTR). United States-Mexico-Canada Agreement (USMCA). Documentación oficial, Secretaría de Economía (México). Documentación oficial del T-MEC, Fondo Monetario Internacional (FMI), Center for Strategic and International Studies (CSIS), Wilson Center, Atlantic Council, Council on Foreign Relations (CFR) y Peterson Institute for International Economics (PIIE)
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* Académico, Analista Político y Consultor Media Training



