* No se prohíbe ir a misa, pero se pide que la fe no se involucre en las cuestiones sociales apremiantes de México y de Veracruz, como inseguridad, violencia, impunidad y desigualdad social.
Irineo Pérez Melo.- La Arquidiócesis de Xalapa consideró que la santidad no se difunde con pancartas, se vive con los que sufren pues la santidad es caridad. No necesitamos que nadie nos aplauda, necesitamos que los demás vean que somos distintos en Cristo por cambiar lo que provoca violencia e inseguridad.
Lo anterior se desprende del comunicado dominical emitido por la Oficina de Comunicación Social de esta asociación religiosa, en donde destaca la solemnidad de Todos los Santos, que nos recuerda que vivimos en una sociedad que nos deja creer, pero que evita que la fe impacte en la vida social.
En el documento, signado por el presbítero Juan Beristaín de los Santos, se señala que no se prohíbe ir a misa, pero se pide que la fe se quede en la sacristía, que no se involucre en las cuestiones sociales apremiantes de México y de Veracruz: Inseguridad, violencia, impunidad y desigualdad social.
Y cuestiona: ¿Se puede ser santo o un buen ciudadano así? Y en respuesta lo afirma “y es justo el tiempo de vivir mejor las Bienaventuranzas que propone Jesucristo en Mateo 5, 1-12”.
Y añade: La gracia de Dios para ser santo llega a todos a través de los sacramentos. Por eso, ser pobre de espíritu, no es buscar likes, sino a Dios para hacer el bien a los demás. Ser manso, cuando nos llamen «mochos» y no devolver un insulto. Llorar con el que sufre, acompañando sin sermones. Tener hambre y sed de justicia, viviendo nuestra fe para no repetir palabras vacías sin gestos de justicia. Ser misericordioso, perdonando rápido en casa. Tener corazón limpio, cuidando lo que vemos y hablamos. Hacer la paz, empezando por nuestra cuadra con los vecinos. Y si por persignarnos nos ignoran, ofrecerlo con alegría.
Todo inicia en casa. Una mesa bendecida, rezar diariamente el rosario de 10 minutos, tener un crucifijo que no es adorno, sino memorial de un amor presente en los momentos difíciles.
Finalmente, se menciona que San Rafael Guízar no vivió la santidad con discursos. Abrió seminarios en casas y se fue a confesar a los ranchos. La beata Conchita Cabrera santificó su hogar amando a Cristo y a sus semejantes. Ser buen ciudadano y santo es posible hoy con la gracia de Dios.



