* LOS QUE PULVERIZARON AL PAN EN VERACRUZ; SALTAN A MC Y SOMOSMX
El Partido Acción Nacional (PAN) se consolidó en el año 2000 como el organismo político más fuerte del país con la llegada del carismático Vicente Fox Quesada a la Presidencia de la República, derrotando al otrora poderoso PRI, que llevaba más de 70 años en el poder.
En Veracruz, por esos años, al menos tres grupos se consolidaron como los más influyentes. El predominante fue el de Boca del Río, impulsado por el empresario Alfonso Gutiérrez de Velasco; otro de peso fue el de Córdoba, donde se aglutinó la clase empresarial e industrial, con personajes como Juan Bueno Torio y Gerardo Buganza Salmerón.
A Xalapa llegó Augusto César Leal Angulo, uno de los viejos intelectuales más reconocidos del panismo y muy ligado al grupo de Fox, quien posteriormente dio paso a los entonces jóvenes Víctor y Alfonso Vázquez Cuevas en la dirigencia estatal, entre otros destacados militantes.
A ellos se uniría posteriormente el grupo de Joaquín Rosendo Guzmán “El Chapito”, quien presume tener el control del padrón de militantes más grande del país, en Tantoyuca.
De esta manera, durante esos años el blanquiazul llegó a dominar buena parte del corredor de la zona centro, con municipios importantes como Orizaba, Córdoba, Veracruz y Boca del Río. Al norte consiguió presencia en Tuxpan, Tantoyuca, Pánuco, Poza Rica, Martínez de la Torre y Álamo. En el sur tuvo bastiones como Cosamaloapan, Acayucan y Las Choapas.
Pese a crecer por sí solo con figuras y personajes propios, quizás su debacle comenzó con la llegada de ex priistas y caciques regionales que se sumaron a sus filas. El caso más emblemático de los tricolores fue Miguel Ángel Yunes Linares en 2004, quien, al no ser electo como candidato a la gubernatura por el PRI, renunció a una militancia de 35 años para apoyar al PAN.
En esos años, entre 2004 y 2016, el PRI seguía siendo el partido todopoderoso en la entidad. De hecho, es sabido que Fidel Herrera fue desmantelando a punta de “cañonazos” la estructura blanquiazul. Así ocurrió hasta mediados del sexenio de su sucesor, Javier Duarte, cuando el tricolor seguía predominando en la escena y tenía prácticamente cooptada a la dirigencia estatal de Acción Nacional.
No obstante, al final del sexenio duartista el PRI comenzó a caer en un abismo del que no se ha recuperado. Su principal rival era Miguel Ángel Yunes, convertido ya en el líder máximo del panismo veracruzano y respaldado por diversos grupos de poder regional que se habían hartado del priato, sus escándalos de corrupción y el ambiente violento provocado por las disputas entre organizaciones criminales.
Decíamos que con la llegada de Yunes al blanquiazul comenzaba el declive de ese partido porque generó divisiones internas entre militantes y dirigentes históricos, muchos de los cuales fueron desplazados por el ex priista. De entrada, se apoderó del comité estatal y prácticamente desarticuló las estructuras de Xalapa, Córdoba y Boca del Río, aunque inicialmente mantuvo como aliado a Guzmán Avilés, con quien terminaría enfrentándose.
Pero, curiosamente, ese fue el mejor momento de Acción Nacional en la entidad: el PRI perdía el poder luego de 87 años de manera ininterrumpida y Yunes Linares llegaba a la gubernatura bajo las siglas del PAN, aunque solamente por un periodo de dos años. Era también la época en que comenzaba a tomar mucha fuerza el llamado Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), encabezado por un tal Andrés Manuel López Obrador.
Esa fue la minúscula gloria que duró el blanquiazul en el poder estatal, y ni siquiera llegó con aquellos personajes icónicos que habían construido al partido desde sus cimientos.
La debacle tuvo, creo, varios factores. De entrada, el propio Yunes y sus hijos, quienes de manera voraz se apropiaron de la organización para finalmente perderlo todo al entregarse de rodillas ante Morena en el Senado de la República. Esa traición fue uno de los golpes más dolorosos para Acción Nacional: todavía se recuerdan las lágrimas del dirigente nacional, Marko Cortés Mendoza, reclamando a los Yunes su falta de lealtad, en una escena bastante patética donde el exgobernador escoltaba a su hijo como chambelán de quinceañera.
A esa debacle yunista debe sumarse quien les permitió abordar en 2004: el entonces dirigente estatal del PAN, Víctor Vázquez Cuevas, quien pensó que podía controlar a un viejo lobo de mar con todas las mañas.
El propio partido también ha tenido problemas para sostenerse en los municipios. En Álamo, por ejemplo, la autoridad municipal se vio inmiscuida con la delincuencia organizada que afectaba a la zona norte del estado: un factor que, según diversos señalamientos, ha aparecido en gobiernos panistas vinculados al narcotráfico por su cercanía con el Cártel del Pacífico o de Sinaloa, en un contexto donde —ya comprobado en cortes de Estados Unidos— el panismo habría protegido a esas organizaciones criminales.
En Orizaba, el gobernador Fidel Herrera tuvo el atino de permitir que los empresarios encabezados por Juan Manuel Diez Francos tomaran el control de la política local bajo las siglas del PRI desde 2007. Anteriormente, Diez Francos había sido patrocinador del PAN. Desde entonces, esa ciudad luce como una de las mejores del estado.
En Córdoba, los liderazgos de Juan Bueno, Gerardo Buganza y otros personajes simplemente fueron perdiéndose con el paso de los años (incluso hubo tragedias: algunos terminaron quitándose la vida).
El caso de Bueno y Buganza —los dirigentes más fuertes de aquella época— estuvo marcado por su renuncia a la militancia en protesta por la entrada de Yunes al PAN, para posteriormente volcarse a favor del priismo, aunque sin conseguir conservar a sus simpatizantes.
No obstante, a los empresarios panistas tradicionales de Córdoba lo que les interesa es mantener los negocios más allá de las siglas partidistas, y eso ha permitido que Morena tome el control del Ayuntamiento con sus propios liderazgos locales.
En la ciudad y puerto de Veracruz, el hartazgo por la voracidad yunista llegó al límite y los mandaron al carajo en la reciente elección municipal. El PAN perdió así uno de sus principales bastiones y Morena tiene actualmente el control del Ayuntamiento. Un actor relevante de aquella corriente ha sido el diputado federal Julen Rementería, quien ha evitado los reflectores y posiblemente esté ante su último cargo público.
El único bastión que le queda al PAN es Boca del Río, donde todavía sobreviven algunos resabios de la yunicidad.
En el sur tampoco cuajaron los liderazgos y también se hizo evidente la operación política del entonces gobernador Fidel Herrera para desarticular a Acción Nacional. Quizás el más fuerte fue el de Cirilo Vázquez Lagunes, asesinado en noviembre de 2006, quien logró posicionar a sus hijas como alcaldesas y diputadas antes de que ambas decidieran renunciar al blanquiazul para incorporarse al PRI.
Otro liderazgo perdido fue el de Las Choapas, encabezado por Renato Tronco Gómez, apoyado por los hermanos Roldán y también seducido por el famoso “Tío Fide”.
Más allá de que dos genios políticos veracruzanos —Fidel y Yunes— hayan intervenido en el partido y lo hayan desmembrado con el paso de los años, en general fue una organización que poco o nada hizo empatía con la población y terminó convertida en un cúmulo de intereses empresariales muy marcados, mezclados con posturas de ultraderecha, ultracatólicas, clasistas, machistas y de “superioridad intelectual”.
Todo esto ocurrió en un estado profundamente ligado a la historia juarista y constitucionalista, con numerosas poblaciones indígenas y un fuerte matriarcado que domina varias regiones.
El propio Vicente Fox Quesada, en una entrevista reciente, admitió que ese fue el gran error del PAN: nunca se preocuparon por la población, nunca les interesó.
¿Qué ocurre ahora? Pues desde hace unos días se han sucedido en cascada varias renuncias de distinguidos militantes panistas veracruzanos. En síntesis, ya no ven futuro en el partido que alguna vez fue muy fuerte y que quedó severamente herido desde la derrota en las elecciones estatales de 2018.
Para los panistas sería un suicidio político volver a aliarse con el PRI, siendo que este también está herido de muerte desde 2016 y enfrenta, además, la renuncia de varios de sus liderazgos locales. El PAN y el tricolor, prácticamente, son muertos vivientes.
Por eso no extraña que, en aras de la supervivencia, varios militantes estén brincando hacia Movimiento Ciudadano. En fotografías recientes se ha visto a algunos de ellos conviviendo con el dueño de MC, Dante Delgado, mandando el mensaje de que no tardan en incorporarse a ese partido, donde se supone que no deberían tener cabida porque son el cascajo del panismo que derrumbaron los Yunes.
Otro satélite es Somos México (SOMOS-MX), que bien define mi brother Luis Humberto Tejeda Taibo como “la segunda división del PAN”. Se trata de un armatoste armado con retazos de yunistas, panistas, perredistas, de Nueva Alianza, resentidos de la 4T, hartos cartuchos quemados y simpatizantes de todas esas organizaciones aglutinadas en la cómica “Ola Rosa”.
En resumen, Acción Nacional está agonizante en Veracruz y se ve difícil que vuelva a alcanzar el nivel que llegó a ostentar hace algunos años, cuando tenía estructuras territoriales, grupos de poder y hasta el mini Yunato.
Este domingo leo en El Financiero: “Desaparece el PAN en Coahuila: Pierde su registro estatal tras obtener menos del 3% de los votos. El PAN en Coahuila se quedó sin registro estatal tras obtener 27 mil 819 votos, equivalentes al 2.29 por ciento de la elección de diputaciones locales”…
¿Será ese su futuro próximo en Veracruz?
Por lo pronto, sus militantes están saltando del barco porque ya sienten que se hunde rápidamente, rumbo al mismo abismo donde lo espera el PRI. Allá, en la fosa de las Marianas de la política veracruzana.



