¿CULPABLE O NO? EL CASO DE LINDSAY CLANCY
En derecho se utiliza la palabra imputabilidad para determinar si una persona cuenta con la capacidad psíquica y el grado de madurez necesarios para comprender el carácter ilícito de una conducta y actuar conforme a esa comprensión. Es decir, una persona es imputable cuando, al momento de cometer un delito, tiene la capacidad de comprender lo que está haciendo y de controlar sus actos. Cuando una persona carece de esas capacidades, puede hablarse de inimputabilidad.
En el caso de las personas que presentan determinadas enfermedades o trastornos mentales, puede plantearse jurídicamente la cuestión de la inimputabilidad cuando, al momento de cometer el hecho, la persona carecía de las capacidades necesarias para comprender la ilicitud de su conducta o para conducirse conforme a esa comprensión.
Aunque la inimputabilidad puede excluir la responsabilidad penal en determinadas circunstancias, esto no significa necesariamente que la persona quede sin ninguna consecuencia jurídica. La legislación puede establecer medidas de seguridad o tratamientos especializados. En el caso de personas con determinadas condiciones de salud mental, pueden establecerse medidas orientadas a su tratamiento y protección.
En el caso de Lindsay Clancy, mujer que asesinó a sus tres hijos mediante estrangulamiento, la defensa sostiene que, al momento de los hechos, padecía una grave psicosis posparto que le impedía ser considerada penalmente responsable. La defensa argumentó que Clancy había escuchado una voz que le ordenó matar a sus hijos y posteriormente suicidarse. Ella no ha negado haberlos matado; sin embargo, esta versión fue cuestionada durante el juicio por los expertos de la fiscalía, quienes sostuvieron que Clancy no padecía psicosis posparto y que había actuado de manera deliberada.
En los Estados Unidos, en determinados juicios penales se constituye un jurado, integrado por ciudadanos encargados de deliberar sobre los hechos para emitir un veredicto. En el caso de Clancy, el jurado estuvo compuesto por nueve mujeres y tres hombres. Después de varios días de deliberaciones, los 12 integrantes no lograron alcanzar la unanimidad necesaria para emitir un veredicto. Los reportes señalaron que la votación terminó dividida 11 contra 1 respecto de la posibilidad de declararla no culpable por razón de enfermedad mental.
Debido a esta falta de unanimidad, el juez declaró un juicio nulo, sin veredicto. Ahora corresponde a la fiscalía determinar qué camino seguirá el proceso, incluida la posibilidad de un nuevo juicio.
La defensa busca que Lindsay Clancy sea declarada no culpable por razón de enfermedad mental, para que sea recluida en un centro psiquiátrico. La fiscalía sostiene que debe ser considerada penalmente responsable por asesinato en primer grado, ya que hubo premeditación y ventaja, lo que podría implicar cadena perpetua.
Culpable o no, hay tres niños muertos, un padre de familia sufriendo y una sociedad profundamente dividida alrededor de un caso que ha generado una enorme atención pública. Es claro que Lindsay Clancy no podrá estar en libertad. Si fuera verdad que Lindsay Clancy asesinó a sus hijos mientras escuchaba una voz que le ordenaba hacerlo, ¿qué garantías existen en el futuro, no vuelva a presentarse un episodio similar?
Es importante reflexionar sobre por qué, en un caso donde la posibilidad de vivir en libertad nunca estuvo en discusión, se generó tanta controversia. ¿Fue correcta la composición del jurado? ¿Por qué se exhibió y juzgó con severidad al jurado que tuvo dudas respecto de la inimputabilidad de Lindsay Clancy? ¿Es correcto que algunas personas trivialicen el caso en redes sociales? ¿Por qué no está en discusión que los niños deben ser el centro de toda política pública? Porque justificar el asesinato de niños por la falta de atención a la salud mental no es la solución.



