Entre Tirios y Troyanos/Fernando Mendoza

*100 días de 212 nuevos gobiernos rumbo a 2027*

Hoy Veracruz tiene 212 nuevos alcaldes… lo que aún no tiene es certeza sobre sus resultados.
El arranque simultáneo de prácticamente todos sus ayuntamientos (211 de 212, recordemos que Tamiahua tuvo que hacer elección extraordinaria) no es una simple coincidencia administrativa ni una tradición protocolaria de los “primeros 100 días”. Es la activación de un nuevo tablero de poder territorial. Uno donde las piezas ya cambiaron… pero la partida apenas comienza.
Porque conviene decirlo con precisión: lo que se redefinió en 2025 no fue solo quién gobierna los municipios, sino cómo se distribuye el poder político real en el estado. Los datos electorales lo confirman: Morena y sus aliados se mantienen como primera fuerza municipal, pero sin la hegemonía expansiva de ciclos anteriores; la oposición conserva presencia, pero fragmentada; y emergen terceros actores con capacidad de incidencia creciente.
El resultado es un ecosistema inédito: mayoría sin dominio absoluto, pluralidad sin coordinación y gobiernos locales obligados a aprender, lo más rápido posible, a ejercer el poder que acaban de conquistar.
En ese contexto, los primeros 100 días dejan de ser un ritual de propaganda para convertirse en una prueba crítica de instalación del poder. No se trata de inaugurar obras ni de acumular boletines. Se trata de algo más básico: controlar territorio, ordenar administración y construir narrativa… o fracasar en el intento.
En política municipal no hay margen para la simulación prolongada. La basura no recogida, la calle deteriorada, la inseguridad percibida… no son relatos: son experiencias cotidianas que construyen o erosionan legitimidad, en ese nivel, la percepción pesa más que cualquier discurso.
Lo que hoy está en juego no es la evaluación preliminar de gobiernos, sino la construcción o el desperdicio de plataformas electorales rumbo a 2027, cuando se renueve el Congreso local y federal.
Cada ayuntamiento es, en los hechos, una célula de poder en formación. Algunos consolidarán estructura, otros quedarán atrapados en la inercia y no pocos comenzarán a desgastarse antes de definir rumbo.
La pregunta de fondo no es quién ganó en 2025. Es mucho más incómoda: ¿quién va a saber gobernar lo que ganó… y quién convertirá ese triunfo en una derrota diferida?
Si hay un caso que permite observar con nitidez esta tensión, es el del municipio de Veracruz, arrebatado al Partido Acción Nacional y a su grupo preponderante: Los Yunes
Ahí, los primeros 100 días confirman una hipótesis central: en contextos de alternancia real, gobernar no es transformar de inmediato… es recuperar el control… todo indica que que esa ha sido la tarea de estos primeros 100 días.
Durante años, el municipio operó bajo una lógica de poder concentrado, con redes políticas, administrativas y económicas articuladas alrededor de un mismo grupo. La salida de ese esquema, el llamado Yunismo, no es solo alternancia electoral: implica desmontar una arquitectura de control territorial que iba desde los servicios públicos hasta la intermediación política cotidiana.
Desde esa perspectiva, el balance inicial debe leerse con precisión, no con entusiasmo ni con descalificación automática.
Los datos oficiales muestran un patrón claro: la administración ha priorizado servicios públicos de alta visibilidad.
La recolección de residuos, que pasó de aproximadamente 500 a 800 toneladas diarias y amplió rutas y cobertura, no es solo una mejora operativa; es una señal política. Limpiar la ciudad es, en términos simbólicos, recuperar el orden. Y el orden, en procesos de transición, es la primera forma de legitimidad.
La obra pública y servicios, siguen la misma lógica: intervenciones de bacheo, revisión de concesiones a servicios básicos como agua y alumbrado y acciones de impacto inmediato.
No hay, hasta ahora, proyectos estructurales que redefinan el desarrollo urbano. Leído superficialmente, podría parecer insuficiente. Leído estratégicamente, es coherente: en gobiernos que emergen de la oposición, el primer objetivo no es transformar, sino estabilizar.
El problema es que esa estrategia tiene fecha de caducidad, porque mientras los servicios mejoran, el discurso de cambio profundo comienza a diluirse. Es en este escenario, donde aparece la tensión central: un gobierno electo bajo la expectativa de ruptura que, en la práctica, gobierna con continuidad operativa y ajustes incrementales.
Esto abre una pregunta inevitable: ¿se está sustituyendo un modelo de poder… o simplemente cambiando a los administradores del mismo modelo?
Hasta ahora, el ejercicio del poder ha sido táctico. A pesar de que no hay confrontación directa con la oposición, tampoco decisiones disruptivas, ni apuestas de alto riesgo, los últimos días se han detectado señales que advierten ajustes en los espacios de poder interno y esto, podría relentizar el paso del arranque (aún) de esta administración y restarle efectividad en lo que viene para 2027.
Lo que sí hay, en cambio, es presencia mediática constante, narrativa de cercanía social y una ejecución administrativa enfocada en evitar errores más que en generar hitos.
Es una lógica comprensible. El gobierno no solo llegó con votos; llegó respaldado por una correlación de fuerzas estatal y federal que amplía su margen de acción, pero también impone disciplina política. En ese contexto, la prudencia no es debilidad: es método.
Sin embargo, la política no premia indefinidamente la prudencia, la evidencia comparada en gobiernos locales muestra que la aprobación basada en servicios tiende a estabilizarse rápidamente si no se traduce en identidad de gobierno y sin identidad, no hay narrativa de largo plazo.
Ahí se asoma el riesgo mayor: quedarse en la administración eficiente sin convertirse en un gobierno con proyecto.
Porque el “anti-yunismo” no es un programa de gobierno; es una condición de origen y en gobernanza, las condiciones de origen, se agotan rápido.
El verdadero exameng55 no está en estos 100 días, sino en lo que sigue: seguridad con resultados medibles, cambios estructurales que permeen en la sociedad como acciones de transito y vialidad, obra pública estructural y desarrollo económico con indicadores verificables, es decir, pasar de gestionar la inercia a producir dirección.
Si ese salto no ocurre, el escenario es predecible y ya conocido en la historia de alternancias: la oposición puede articularse, la narrativa de cambio pierde fuerza y el electorado, que inicialmente concede el beneficio de la duda, comienza a revisar su veredicto.
Por ahora, el gobierno municipal de Veracruz ha logrado lo esencial: ordenar, estabilizar y controlar la narrativa. Pero aún no ha respondido la pregunta clave: ¿para qué quiere el poder que conquistó?
Y en un estado donde 211 gobiernos locales están atravesando exactamente el mismo punto de inflexión, esa respuesta no es solo municipal, es, en realidad, la antesala de la disputa política que definirá 2027.
Porque hoy cuando ganas una elección, el poder no es una conquista…
es un contrato… y la letra chiquita siempre te la cobra.

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*Correo: fermendozanunez@hotmail.com*

Este análisis se elaboró con información de:
OPLE Veracruz, Instituto Nacional Electoral, Informe de 100 días del Ayuntamiento de Veracruz, La Jornada, Milenio, INFOBAE, El País, Centro de Investigación y Do

cencia Económicas (CIDE) e Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO)

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* Académico, Analista Político y Consultor Media Training