Entre Tirios y Troyanos/Fernando Mendoza

* PT y Verde: aliados que calculan la distancia*

En política, el silencio también es una declaración… cuando los aliados guardan silencio mientras el partido gobernante enfrenta la acusación más delicada de su historia reciente, lo que está en marcha no es una muestra de prudencia, sino un cálculo de supervivencia.
Morena atraviesa una crisis de alto impacto político y reputacional derivada de las acusaciones formuladas desde Estados Unidos contra funcionarios y figuras del oficialismo por presuntos vínculos con el crimen organizado. Más allá de la discusión jurídica o diplomática, el verdadero efecto de este episodio se está produciendo en el terreno que más importa en el poder: la percepción pública.
Porque una vez instalada la duda sobre la posible infiltración criminal en estructuras gubernamentales, la pregunta ya no es si los señalados serán condenados, sino cuánto daño político puede soportar el proyecto gobernante sin afectar su viabilidad electoral.
En esa ecuación, los primeros en mover piezas no son los adversarios, sino los aliados… aliados por conveniencia, no por destino.
El Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México han sido fundamentales para consolidar la mayoría legislativa y la expansión territorial de Morena. Sin embargo, conviene recordar una verdad elemental de la política mexicana: las coaliciones no se sostienen por afinidad ideológica, sino por utilidad recíproca.
Como ya lo mencioné en uno de los anteriores artículos, Morena aporta liderazgo, estructura gubernamental y capacidad de arrastre electoral.
El PT aporta disciplina operativa y presencia territorial y el Verde aporta flexibilidad, pragmatismo y una notable capacidad de adaptación al partido que detenta o puede detentar el poder.
Mientras la alianza garantiza victorias, todos ganan, pero cuando la marca principal comienza a erosionarse, los aliados activan mecanismos de auto-protección.
El silencio se convierte en estrategia. Ni el PT ni el Verde han encabezado una defensa contundente de los personajes señalados, evidentemente, no han roto con Morena y no han cuestionado al gobierno, pero tampoco han comprometido su prestigio político.
Esa conducta responde a una lógica elemental: permanecer cerca del poder, sin asumir costos que podrían convertirse en pasivos electorales.
El PT, bajo la conducción de Alberto Anaya, históricamente ha privilegiado la estabilidad de la coalición, pero rara vez arriesga más de lo indispensable.
El Verde, con Karen Castrejón y la operación política de Manuel Velasco, domina como pocos el arte de la prudencia oportunista.
Ambos partidos comprenden que la mayor amenaza no es la acusación en sí, sino la consolidación de una narrativa, sobre todo si ésta se vuelve realidad política.
En materia electoral, los hechos judiciales importan menos que su traducción en opinión pública, si la percepción de un “narco-estado” se arraiga en sectores urbanos, clases medias e independientes, Morena puede enfrentar un desgaste suficiente para alterar la correlación de fuerzas en la elección intermedia de 2027.
Y ojo con esto, no se requiere una derrota estrepitosa, basta una caída moderada en distritos competitivos para modificar el equilibrio legislativo y reducir la capacidad del oficialismo para mantener mayorías holgadas.
Ese escenario es observado con atención por PT y Verde, justamente por lo que está en juego en 2027: renovación de la Cámara de Diputados, varias gubernaturas, congresos locales y una cantidad enorme de ayuntamientos.
2027 se convertirá en la primera gran prueba electoral del sexenio de Claudia Sheinbaum porque las características de la elección le dan un carácter plebiscitario.
La contención del desgaste de Morena dependerá de que la economía mantenga estabilidad, los programas sociales conserven eficacia y la narrativa de seguridad logre contenerse.
Por otro lado, si persiste la percepción de infiltración criminal y deterioro institucional, el oficialismo podría enfrentar una pérdida gradual del voto moderado.
En ese escenario, los aliados aumentan su valor y por tanto, elevan el precio de su respaldo, así es el negocio político de la incertidumbre
Toda crisis del partido dominante fortalece a sus socios menores, en este caso, el PT puede exigir más candidaturas y espacios administrativos, el Verde puede reclamar gubernaturas, posiciones legislativas y mayor autonomía territorial.
La lógica es simple: mientras Morena defiende su legitimidad, sus aliados renegocian el contrato. No se trata de solidaridad, se trata de costo-beneficio.
En otro ángulo, Periodistas, analistas y líderes de opinión como Carlos Loret de Mola, Denise Dresser, Raymundo Riva Palacio, Leo Zuckermann, Joaquín López-Dóriga y Chumel Torres mantendrán el tema en la agenda pública, profundizando investigaciones, amplificando cuestionamientos y proyectando sus implicaciones diplomáticas, institucionales y electorales ante audiencias masivas.
La oposición, por su parte, buscará convertir cada señalamiento en una evidencia de deterioro institucional, por lo que la combinación de presión mediática, narrativa opositora y atención internacional puede consolidar un encuadre altamente costoso para el oficialismo.
Hay indicios inequívocos de que un aliado comienza a tomar distancia cuando deja de defender a personas y sólo defiende instituciones, cuando habla de debido proceso, pero evita respaldos personales, cuando incrementa sus exigencias en la negociación electoral, cuando fortalece su marca propia o cuando reserva opciones políticas alternativas.
En política, los deslindes rara vez se anuncian, se van ejecutando gradualmente, la coalición oficialista no se romperá de inmediato, Morena sigue siendo el vehículo más competitivo del sistema político mexicano y al parecer con todo y lo que sucede aún lo seguirá siendo, aunque la lealtad de sus aliados no es incondicional, está sujeta a la rentabilidad del proyecto.
La pregunta de fondo no es si el PT y el Verde continuarán al lado de Morena, la pregunta es cuánto estarán dispuestos a arriesgar para defenderlo si la percepción pública termina asociando al partido gobernante con una crisis estructural de credibilidad.
En política, los aliados no se mueven por afecto, se mueven por interés y cuando el poder comienza a representar un riesgo, los socios más experimentados no saltan de inmediato, primero observan, después calculan y finalmente negocian.
Eso es exactamente lo que hoy hacen el PT y el Partido Verde. No están abandonando a Morena; simplemente ya miden la distancia, calculan la ruta de evacuación y exploran el siguiente vehículo político. Tal vez no para el corto plazo… pero conviene no perder de vista dos referencias: 2030… y Movimiento Ciudadano.
Los leo.

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Este análisis se elaboró con información de:
INE, Portal Cámara de Diputados, Senado de la República, Departamento de Justicia de los E.U., Departamento de Estado de los E.U. , Sitios Oficiales de: MORENA, PT, Partido Verde, El Universal, Reforma, Milenio, Exélsior, La Jornada, Animal Político, LatinUS y Aristegui Noticias.

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* Académico, Analista Político y Consultor Media Training