* SIETE ASESORES Y UNA PREGUNTA: ¿QUIÉN LE DICE A NAHLE QUE SE EQUIVOCA?
La gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, aseguró que no tiene asesores y que tampoco los necesita. ¡Vaya declaración!
Como si gobernar un estado fuera un asunto de voluntad personal, como si bastara con creer que se tiene la razón para tenerla y como si escuchar a los demás fuera una muestra de debilidad.
Pero hay un detalle que merece una explicación: resulta que en la nómina aparecen siete asesores que cobran salarios bastante decorosos.
Entonces, ¿Rocío no tiene asesores o sí los tiene, pero considera que no los necesita y por eso ni los ve ni los oye?
Esto es delicado porque se les paga con recursos públicos, se trata de una estructura que, debería contribuir a mejorar las decisiones de quien encabeza el gobierno estatal.
Y es que, gobernar no significa saberlo todo, ninguna persona, por más experiencia que tenga, puede dominar cada asunto de la administración pública para eso existen los equipos de trabajo: especialistas que analizan escenarios, anticipan problemas, evalúan riesgos y advierten cuando una estrategia no está funcionando.
Un buen asesor no está para aplaudirle al jefe ni para decirle que todo marcha de maravilla, está para señalar errores, cuestionar decisiones y decir verdades incómodas, aunque no sean del agrado de quien gobierna.
El problema no es que Rocío Nahle tenga siete asesores, lo importante es saber qué hacen, cuáles son sus funciones y qué aportan a un gobierno que enfrenta cuestionamientos frecuentes en distintos rubros.
¿Tienen la preparación necesaria para orientar a la gobernadora? ¿Cuentan con la independencia para advertirle cuando una decisión puede ser equivocada? ¿Se atreven a contradecirla o la última palabra de Nahle es también la única que importa?
La información sobre los asesores en la nómina la reveló la periodista Noemí Valdéz, y a partir de ahí surgen dudas, por ejemplo: ¿Por qué mintió Rocío Nahle y negó tener asesores?
Resulta contradictorio que la mandataria afirme que no necesita asesores mientras siete personas cobran por desempeñar esas funciones.
¿La gobernadora realmente considera innecesario el asesoramiento profesional o simplemente está convencida de que su propio criterio basta para resolverlo todo?
¿Tendrá claro que Veracruz no es una empresa personal, sino una entidad con problemas complejos que requieren capacidad técnica, planeación, coordinación y autocrítica?.
Las crisis no se resuelven con declaraciones de autoridad ni con la idea de que quien gobierna siempre sabe qué hacer.
Basta mirar los cuestionamientos sobre el sistema de salud, el abasto de medicamentos y los problemas administrativos para entender que gobernar exige algo más que tomar decisiones y defenderlas públicamente; exige escuchar, corregir y reconocer cuando algo no funciona.
Y no, que se cuestione a Rocío Nahle no significa que se le critique por ser mujer, intentar convertir cualquier señalamiento en misoginia es desviar la discusión, ponerla como víctima no conseguirá disminuir los señalamientos.
Quienes así lo dicen deberían tener claro que la exigencia es la misma para cualquier gobernante sin importar el género: resultados, transparencia y rendición de cuentas.
La soberbia no es una virtud de gobierno, tampoco lo es confundir la firmeza con la incapacidad de escuchar.
Una mandataria que se rodea de profesionales debería valorar que la contradigan cuando existen razones para hacerlo.
Los asesores no existen para alimentar el ego de quien gobierna, sino para ayudarle a tomar mejores decisiones. Y si no cumplen esa función, corresponde revisar qué hacen, qué resultados ofrecen y cambiarlos de ser necesarios.
Queda una pregunta más en espera de respuesta: si Nahle no necesita asesores, ¿para qué están en la nómina? Y si los tiene para mejorar su gobierno, ¿por qué asegura que no los necesita?
Veracruz merece una respuesta, pero, sobre todo, necesita un gobierno capaz de escuchar las verdades incómodas.



