Tomado de palabras claras.mx
La realidad veracruzana no atiende a tiempos oficiales ni conoce de pausas. En un lapso de apenas treinta horas, una concatenación de hechos violentos cobró la vida de ocho personas y dejó a dos lesionadas -entre ellas un menor de edad-, exhibiendo de nuevo las grietas en la estrategia de seguridad pública. Mientras estos acontecimientos se sucedían en la entidad, la gobernadora Rocío Nahle García cumplía agenda privada en Monterrey, previa a la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo con motivo de su segundo informe de gobierno.
La estancia en el norte del país se vio sacudida el viernes tras confirmarse la localización sin vida del diputado federal Zenyazen Escobar García. Transcurridas más de 35 horas del hallazgo, la Fiscalía General del Estado ha mantenido un manejo institucional hermético sobre el curso de las investigaciones. La repercusión del caso precipitó el regreso de la mandataria estatal a la entidad para atender la contingencia política y de seguridad.
Esa misma noche, hacia las 20:45 horas, en el municipio de Omealca, un grupo de elementos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana que realizaba labores de patrullaje e inteligencia fue interceptado y atacado por un comando armado. La agresión dejó un saldo de dos agentes fallecidos y una oficial herida. Tras lo ocurrido, el secretario federal Omar García Harfuch asumió la vocería pública del operativo para precisar el alcance del choque armado.
La escalada violenta continuó esa misma jornada. En las instalaciones del Club de Leones se registró una incursión armada durante un convivio civil; en el sitio falleció un hombre y, horas después, una mujer perdió la vida a causa de las heridas. A la par, se confirmó el hallazgo de los restos del joven Miguel Antonio Espinoza Vega, de 23 años, estudiante de la Escuela Normal Superior «Dr. Manuel Suárez Trujillo», localizado a un costado de la carretera Xalapa-Veracruz tras haber sido reportado como desaparecido días atrás.
Para el sábado, la incidencia delictiva se desplazó al sur del territorio estatal. En Coatzacoalcos, a las afueras de un taller mecánico en la colonia Adolfo López Mateos, fue privado de la vida un conductor de taxi conocido como «El Negro Gil». Casi de manera simultánea, sobre el tramo carretero Jáltipan-Acayucan de la Transístmica, las autoridades acordonaron el área tras ubicar el cuerpo de otra persona con impactos de arma de fuego. Finalmente, en Oteapan, un ataque armado derivó en el deceso de Héctor Osnar Franco Gordillo, resultando lesionados Yeni Angélica Torres y el joven Luis Samuel, de 14 años.
La acumulación de eventos en tan corto plazo desmonta la efectividad de las conferencias matutinas y reduce los boletines de Palacio a mero papel mojado. La realidad exhibe a un gobierno estatal paralizado y sin una estrategia de comunicación política: en lugar de voceros profesionales, la administración se rodea de aduladores y replicadores que aconsejan el silencio sistemático y el avestrucismo frente a la crítica. Esa táctica de no responder ni dar la cara no nace de la prudencia, sino del pánico escénico a que el debate público aniquile y deje al descubierto sus propias y marcadas limitaciones.
Más allá del relato oficial y las promesas de transformación, la coyuntura exige respuestas institucionales de fondo, no cómplices del murmullo ni aplaudidores que confunden la gobernanza con el servilismo.



