Entre Tirios y Troyanos/Fernando Mendoza

* Académico, Analista Político y Consultor Media Training

EXAGERACIÓN INNECESARIA: La comunicación política en la visita de Sheinbaum a Veracruz.
Es muy común que el poder consiga demostrar exactamente lo que quiere demostrar… y después se empeñe en demostrarlo ¡de más!
La visita de Claudia Sheinbaum a Veracruz tenía, por sí misma, un enorme contenido político, vino a la zona conurbada Veracruz-Boca del Río y compartió escenario con Rocío Nahle, la reconoció públicamente y presentó acciones y compromisos para Veracruz.
El mensaje fue bastante claro: La presidenta está con la gobernadora y no hacía falta mucho más, sin embargo, apareció esa necesidad absurda de convertir una concentración multitudinaria en una cifra monumental: 48 mil, 50 mil asistentes.
Cuando una fotografía es suficientemente contundente, inflarla con una cifra difícil de sostener puede terminar debilitando aquello que pretendía fortalecer y genera un debate y narrativa innecesarios.
El asunto, por tanto, no es cuántas personas fueron, el asunto es el por qué necesitaban decir que fueron 50 mil.
El estadio Beto Ávila tiene una capacidad muy inferior a esa cifra. La Liga Mexicana de Beisbol reporta actualmente una capacidad de 5,720 espectadores para el inmueble en el área de gradas y en efecto, existen referencias con capacidades mayores dependiendo de la configuración y del tipo de evento.
Una concentración puede verse espectacular sin necesidad de convertirla en una estadística imposible, la propaganda no se apuntala con mentiras.
Cuando la propaganda sustituye a los datos, comienza a convertirse en un problema de credibilidad y el músculo político no necesita esteroides
La presencia de Claudia Sheinbaum tuvo un significado político evidente en un momento en que la gobernadora Rocío Nahle enfrenta cuestionamientos mediáticos y políticos, la presidenta apareció públicamente junto a ella y eso tiene peso, maniobrar en otro sentido es minimizarlo.
Una fotografía entre la presidenta y la gobernadora comunica respaldo, cercanía y continuidad política y no se necesita pretender convertir una concentración en un plebiscito popular porque el mensaje se distorsiona.
Las cifras te obligan a demostrarlas y exigen una metodología, si alguien sostiene que fueron 50 mil, tiene la obligación elemental de explicar cómo llegó a esa cifra.
La política puede utilizar símbolos, pero el periodismo, no y mucho menos debería hacerlo un gobierno.
Movilizar gente demuestra capacidad política y fabricar percepción puede terminar exhibiendo inseguridad.
El gobierno no pierde credibilidad porque existan críticos, siempre los tendrá y tampoco pierde credibilidad porque la oposición cuestione sus decisiones, eso es parte natural de la democracia.
La credibilidad comienza a deteriorarse cuando los ciudadanos descubren que aquello que se les presenta como un dato puede ser solamente una herramienta de propaganda.
Una exageración aparentemente inocente puede terminar contaminando la percepción de todo un ejercicio de comunicación gubernamental, la gente podrá ser fanática, pero no es estúpida.
Sheinbaum no necesitaba 50 mil personas para demostrar que respalda a Nahle, eso es particularmente innecesario en un acto que ya tenía elementos políticos suficientemente fuertes.
Tampoco Nahle necesitaba 50 mil personas para demostrar que mantiene comunicación política con la presidenta… Entonces, ¿para qué inflar el número?
El nado sincronizado entre las plumas al servicio del oficialismo y los “queda bien” con el régimen, al mencionar cifras de asistencia, más que ayudar al posicionamiento del evento, termina por generar un desgaste obvio y absurdo que desvirtúa el mensaje político.
Una cifra repetida cien veces sigue necesitando una metodología.
Cuando los simpatizantes de un proyecto político tienen que salir a defender una cifra que objetivamente genera dudas, el resultado puede ser exactamente el contrario al buscado ya que terminan convirtiendo una concentración exitosa en una discusión sobre matemáticas.
En cualquier campaña o construcción de imagen, las matemáticas son muy malas compañeras de la propaganda, sobre todo cuando la cuenta no sale.
Los gobiernos deberían desconfiar de quienes creen que ayudar al poder, significa exagerarlo todo, un buen comunicador político no dice «Fue el evento más grande de la historia» el profesional de la comunicación consigue que una realidad suficiente parezca exactamente lo que es, porque cuando la realidad es fuerte, no necesita maquillaje.
Si una convocatoria es importante, no necesita convertirse artificialmente en histórica y si la presidenta respalda públicamente a una gobernadora, ese respaldo tiene valor por sí mismo, lo demás puede terminar sobrando.
En comunicación política, cuando exageras una verdad, corres el riesgo de convertirla en una mentira.
Lo curioso de todo esto, es que mientras el gobierno intentaba demostrar que tenía fuerza, sus voceros terminaron demostrando algo mucho más peligroso: que todavía sienten la necesidad de exagerarla… eso es revelador.
El poder puede sobrevivir a una crítica, a una oposición incómoda incluso a un funcionario que se equivoca y tiene que disculparse. Lo que resulta mucho más difícil de recuperar es algo menos visible: la confianza del ciudadano en que cuando el gobierno dice una cifra, una cifra significa una cifra.
Éste es el verdadero problema del Beto Ávila y la visita de Sheinbaum, no si cabían 50 mil… sino por qué alguien necesitó decir que si cabían.
Se los dejo de tarea, ¡el que entendió, entendió!
Los leo…

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