Desde El Altiplano/Ricardo Ravelo

* Derrame petrolero: Mentiras y silencios

A casi un mes del derrame de hidrocarburos en el Golfo de México, que ya afecta unos 650 kilómetros de litoral –desde Tabasco hasta Veracruz y los límites con Tamaulipas –Petróleos Mexicanos, la Secretaría de Marina, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales ni autoridades portuarias han podido detectar el origen de la fuga y, mucho menos, frenar el avance de la mancha contaminante que arrasó con zonas pesqueras, hasta ahora, de dos estados.
Hasta ahora es un verdadero misterio la causa de la tragedia, pero la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, convirtió el caso en un enigma al afirmar que el foco de contaminación no es la paraestatal Pemex sino un buque de una petrolera privada que no opera para la paraestatal.
La mandataria enredó todavía más el caso al negar el derrame en sus primeras declaraciones; luego atribuyó el siniestro a “una chapopotera natural” y, en otro momento, como siguiendo un guión basado en mentiras y evasivas, adujo que el crudo provenía de fisuras naturales en el fondo marino que suelen activarse.
Lo único cierto es que las afectaciones van avanzando. Ahora organizaciones como Greenpeace sostienen que la mancha de chapopote alcanza unos 650 kilómetros y hay más de cuarenta demarcaciones –muchas pobladores viven de la pesca –que abarcan los estados de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas.
Hay que recordar que el pasado 17 de marzo ocurrió una explosión en las instalaciones de la refinería de Dos Bocas – cuya construcción estuvo a cargo de Rocío Nahle cuando era secretaria de Energía durante el gobierno de López Obrador –y cuyo costo actualmente se estima en unos 25 mil millones de dólares, cinco veces más el presupuesto inicial. La refinería ha transitado en los últimos tiempos entre dudas, sospechas y denuncias por corrupción debido a la presunta asignación de contratos amañados que beneficiaron a empresarios ligados a la actual gobernadora de Veracruz, aunque ella lo ha negado.
La versión de Pemex señala que la explosión –que cobró la vida de cinco trabajadores –ocurrió en el exterior de la planta, en la barda perimetral, según la versión oficial, pero la viuda de uno de los trabajadores, Esmerada Cano Solís, esposa del difunto Fernando Arias de la Cruz, denunció que la explosión sucedió al interior de la refinería.
Antes, el 1 de marzo, ya se había generado el derrame de hidrocarburos que, de acuerdo con la gobernadora de Veracruz, provino de un buque que pertenece a una petrolera privada que no opera para Pemex. Por su parte, la paraestatal expuso en un comunicado que sus instalaciones en el sur de Veracruz –una de las más afectadas –opera con seguridad.
Pero la gobernadora Nahle no aportó mayores detalles del barco –un navío fantasma que hasta la fecha no ha sido identificado –ni mencionó detalles sobre la empresa naviera, o petrolera, a la que pertenece.
Por si fuera poco, Nahle minimizó la tragedia. Dijo que el derrame era falso, que sólo había “gotitas” de chapopote en el mar. Pero la magnitud del hecho fue creciendo conforme transcurrieron los días, pues la mancha negra ya causó daños irreversibles al sistema arrecifal en el Golfo de México.
El número de localidades dañadas por el derrame asciende, hasta ahora, a cuarenta entre Tabasco y Veracruz. El sur y el norte de esa entidad son hasta ahora las más dañadas. Pescadores consultados cuentan que hay miles de peces muertos, tortugas flotando y ni se diga la zona de manglares, clave en el ecosistema.
Pese a que el derrame empezó el 1 de marzo, ninguna autoridad intervino a pesar de que los pescadores y empleados del sector turístico alertaron de la afectación. Se trata de personas que viven en municipios veracruzanos como Tatahuicapan y Pajapan; luego se sumaron pescadores de Las Barrillas, en Coatzacoalcos y, más tarde, las denuncias se extendieron hasta Paraíso, Sánchez Magallanes y Cárdenas, en Tabasco.
Hasta ahora, las afectaciones se extienden a unos 650 kilómetros y, peor aún, la contaminación ya alcanzó el litoral tamaulipeco.
A lo largo de varios años se han suscitado varios derrames petroleros en el Golfo de México. En 1979 hubo una explosión en el pozo Ixtoc que provocó tragedia en Campeche . Más de 3.3 millones de barrilles se derramaron al mar.
De acuerdo con fuentes consultadas, los derrames de hidrocarburos se han presentado incluso en la actualidad: durante enero y febrero de este año se detectaron algunos, aunque no de grave magnitud, sin embargo, dichos problemas son frecuentes debido a que Pemex realiza extracción de petróleo en aguas someras, pues para llevar a cabo la explotación de hidrocarburos en aguas profundas necesita contratar tecnología a empresas internacionales, pues carece de esas herramientas.
Respecto al derrame ocurrido el 1 de marzo – considerado ya como un gran desastre natural –la gobernadora Nahle dice que el problema derivó de un buque, pero dicho navío, a casi un mes del ecocidio, ninguna autoridad lo ha podido localizar.
Tal parece que se trata de un buque que las propias autoridades pretenden convertir en fantasma para no fincarle responsabilidades y evitar un mayor impacto debido al escándalo.
De acuerdo con otras fuentes, las causas pueden apuntar a Pemex, su refinería de Dos Bocas o bien una toma de huachicol marítimo; tampoco se descarta la versión de un buque de enormes dimensiones, cargado con hidrocarburo robado, que zozobró en plena travesía causándole daños en su casco y tanques de almacenamiento. Pero ninguna de estas versiones ha sido confirmada oficialmente.
El silencio oficial, a casi un mes de los hechos, no se justifica.