* María Berta Somarriba y el arqueólogo Rigoberto Navarro Genie dieron inicio a esta investigación en enero 2025 sobre el arte rupestre, la técnica e iconografía ancestral en el país.
Jessica Chávez / Colaboradora
Managua, Nicaragua, 08 de abril 2026. Todo comenzó hace 30 años, cuando María Berta Somarriba, propietaria de Taller Ángel de Plata se adentró en las artes y letras. “Esta es nuestra propia mitología. En este caso el monito es el símbolo de los artistas. Al ser tan versátil, el mono tan travieso y parecido al humano para todo este imaginario que tenemos”, expresa Somarriba.
Por su parte el Dr. Rigoberto Navarro Genie da a conocer que “El imaginario prehispánico de la orfebrería nicaragüense con sus distintas especies de fauna, de seres semi humanos y semi animales formaba parte de la vida cotidiana y también de momentos especiales llenos de tradición y ritualidad.”

La colección de orfebrería prehispánica con técnica e iconografía ancestral tiene una conexión íntima con los petrograbados, el estudio de artes y letras, especialmente de la Cueva La Bruja, ubicada en el municipio de Diriamba, departamento de Carazo en la tierra de lagos y volcanes.
En su investigación sobre la orfebrería prehispánica plantean que esta “formaba parte de momentos especiales llenos de tradición” y que ella expone sus características distintivas, materializando el imaginario colectivo y reproduciendo elementos de la naturaleza circundante o entidades mitológicas, así como la mezcla de ambos. “Con su iconografía ancestral proporciona un particular balance estético que define un pretérito estilo regional, en el que destaca la percepción cosmogónica prehispánica”, explica.

Esta colección orfebre cuenta con seis iconografías, siendo la principal Tonatiu, “El sol” como elemento central en la vida diaria de las culturas originarias. “Muy importante en la cosmografía y la astronomía prehispánica, tenía impacto en las tradiciones y en la espiritualidad”, refiere el estudio.
Además, muestra que este motivo procedente del techo de la cueva La Bruja en Diriamba, Carazo, está representado con líneas multidireccionales desde cuatro cuadrantes. “Es una alusión a los rayos de luz, fuente de luminosidad y energía. Influía en todos los aspectos de la vida, desde la agricultura hasta la guerra y se le atribuía categoría de dios y por su dualidad y movimiento se le vinculaba con la vida y la muerte. Facilitando la naturaleza cíclica del tiempo y de los ritmos naturales que influenciaban la existencia”, profundiza el manuscrito.

María Berta Somarriba García encontró su pasión por la orfebrería en una estadía de tres meses en los talleres de piedra, de una reserva en Sacramento, California. De igual forma, fue aprendiz en talleres artesanales populares de Taxco y Cuernavaca, centros agremiados a la UNAN de México. En los últimos treinta años, se ha dedicado a desarrollar y promover el arte de la Joyería orfebre artesanal, rescatando y revalorando la riqueza cultural, utilizando únicamente materia prima nacional para la elaboración piezas inspiradas en la historia, el arte y el entorno natural nicaragüense.
La orfebrería precolombina en Centroamérica representa una de las manifestaciones artísticas más sofisticadas de las culturas indígenas. Los inicios de estas prácticas, en Suramérica, se remontan al primer milenio antes de nuestra era. El epicentro colombiano irradió hacia nuestros territorios importantes invenciones e innovaciones metalúrgicas que dejaron huellas en las principales técnicas y algunos símbolos que se difundieron hacia el área mesoamericana. En los siglos previos a la conquista, la provincia de Nicaragua albergaba en sus comunidades tribales, artesanos que desarrollaron técnicas avanzadas en el trabajo de metales.




