* El caso Florencio Hernández, la cara oculta de Lizbeth Jiménez
Entre el Tribunal Superior de Justicia y la Fiscalía General bajo el mando de Lizbeth Aurelia Jiménez Aguirre, ni a cual irle.
La consumación de venganzas personales, la justicia sobre pedido por consigna del atarantado Cuitláhuac García y el atascar las cárceles de presos políticos -que a la fecha suman mil 200- ha sido el signo de Veracruz a partir de la llegada de Morena al poder en 2018.
Llama la atención el caso de la ex titular del Poder Judicial, Lizbeth Jiménez, ahora al frente de la Fiscalía General en donde a su pasó por el Tribunal Superior de Justicia dejó huellas indelebles por abuso de autoridad y señalada corrupción.
Tres casos, de entrada, la dejan tatuada.
El primero, acaso el más cruel, fue ejercido contra uno de los jueces mas respetado del Tribunal Superior de Justicia, Florencio Hernández Espinoza, acusado de cohecho por la familia de Daniela Griego, hoy alcaldesa de Xalapa.
El juez fue señalado de haber recibido “mordida” de Roxana Griego y María Fernanda Griego (Proceso Penal 04/2023) en prisión por robo a casa-habitación.
A la defensa familiar para hundir al juez se sumó Ulises Griego Ochoa, hermano mayor de Daniela.
El fondo, sin embargo, ocultaba la venganza política del atarantado en contra del aspirante a alcalde de Las Choapas por Movimiento Ciudadano, Jesús Uribe que trajo daños colaterales al juez.
Uribe fue detenido por su presunta participación en el crimen de un militar mismo que lo llevó a su reclusión a una prisión de Oaxaca, desde donde solicitó su traslado a una cárcel de Coatzacoalcos la cual autorizó el juez Florencio Hernández Espinoza.
Fue ahí donde la puerca torció el rabo.
La decisión del juez, aparentemente intrascendente, provocó la ira del Cuícaras quien ordenó despojar al juez del cargo y confinarlo a Pacho Viejo.
El asunto no paró ahí.
De Pacho fue trasladado a una cárcel federal en Tulancingo, Chiapas donde está recluido desde 2023 como “medida cautelar” que ameritaba un amparo, pero como era “encargo” del atarantado cumplido fielmente por Lizbeth Jiménez, la reclusión ya rebasó los tres años y no hay para cuando.
Todo porque el juez autorizó el traslado de Uribe. Todo por razones políticas.
Uribe sería finalmente puesto en libertad por falta de pruebas, jugaría la alcaldía que ganaría sin broncas. Este edil es el mismo que cobró notoriedad hace unos días al pretender migrar a Morena, mientras al juez Florencio Hernández tocó pagar los platos rotos por el berrinche del gobernador.
Compurga una pena sin ser sentenciado, sin haberse comprobado el presunto soborno de la familia de la alcaldesa de Xalapa y sin darle validez al amparo que le permita seguir el proceso en libertad.
La figura de todo este atropello es la hoy Fiscal, Lizbeth Jiménez, quien con la cabeza gacha por aquel momento solo cumplió las órdenes de arriba y de paso premiaría a los que recluyeron a Florencio otorgándoles cargos de jueces y ascensos administrativos.
Atrás quedó la mano perversa de su artífice, el Bola #8 quien recogió la orden de Cuitláhuac para derivarla a Lizbeth, quien a su vez comisionó a su particular -muy particular en ese entonces- David Cerdeña Ortega, que fue el encargado de orquestar la encomienda de enchiquerar al juez.
El segundo caso entregado por la FGE a este reportero corresponde Faustino López Ortiz, una lindura de Fiscal, especialista en fabricar carpetas de investigación lo cual le ha provocado señalamientos en su contra.
En Pueblo Viejo estuvo a punto de ser linchado por abuso de autoridad y exigencia de moches.
Este juez es conocido como “Faustino Billetes” por el descaro de extorsionar abiertamente a quienes caen en sus manos. Dicen quienes lo conocen que es fino en el trabajo sucio y es protegido de Lizbeth.
Ya en 2022, en Cosamaloapan, estuvo a punto de caer.
Era fiscal de Distrito cuando retuvo un vehículo a unas personas de Morena según porque estaba reportado como robado.
Para liberarlo pidió una exorbitante cantidad de dinero para entregárselos. No contó, sin embargo, que los morenos lo vinieron a acusar y no hubo más que entregar el vehículo y regresarles el dinero que les había pedido.
En realidad, la virtud de “Faustino Billetes” es que aprendió a salpicar como fue el caso de las joyas robadas en Xalapa que se originó tras la detención de tres jóvenes señalados por su presunta participación en el robo de un lote de joyas ocurrido en Xalapa durante 2024.
De acuerdo con la versión conocida, los familiares entregaron el botín al Fiscal con la idea de que ello formaba parte de las condiciones para favorecer la situación legal de los detenidos, las joyas, sin embargo, desaparecieron.
Un tercer caso escondido en los oscuros pasillos del tercer piso de la Fiscalía que encabeza Lizbeth se refiere a dos importantes personajes que abandonaron por la puerta de atrás la institución.
Uno es el de Marcela Aguilera Landeta, quien fuera Fiscal de Investigaciones Ministeriales, experta en la fabricación de expedientes ministeriales para engordar la lista de presos políticos, así como dejar graves pendientes en materia de desaparecidos.
Se fue impune.
El otro corresponde a Manuel Fernández Olivares, conocido en el hampa como “El Pámpano”, quien operaba para el crimen organizado desde las entrañas del sistema, de acuerdo con investigaciones del especialista en temas de seguridad Ricardo Ravelo.
También impune.
Ambos casos los dejó pasar la Fiscalía General valiéndole la revisión de tan ominoso pasado y apelando al olvido del tiempo.
Es todo un tema.
Se acaba el espacio, ya seguiremos desvelando este entramado criminal.
Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo



