Palíndroma/Neftalí Celis Toral

Cuando existan voluntades coherentes y más políticos que actúen en congruencia, tendrán que extinguirse los partidos políticos, quienes actúan como reclutador, seleccionador y comercializadora de puestos; A la sazón, y con el permiso de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, lo único que hacen, los izquierda, centro o derecha, que también hicieron en el pasado y lo siguen haciendo en el presente; lo hacen continua y permanentemente: bloquear a los buenos perfiles en los municipios, en el estado y en la federación, tergiversar y lucrar con los miles de millones de pesos que reciben del erario para luego proponer –y hacer creer que la democracia existe en México- para que familiares y amigos de los dirigentes nacionales o estatales lleguen a las boletas electorales; o sean los familiares, amigos o el círculo cercano de ex presidentes de la República o personajes influyentes del poder político y económico del país quienes llegan a las boletas a cambio de más prerrogativas y en detrimento de aquellas mujeres y aquellos hombres que podrían competir –en equidad de circunstancias- por un lugar en cualquiera de los tres poderes de la república.

Mientras existan los partidos políticos, no habrá democracia en México, permanecerá la simulación y la inexorable tendencia a repetir los errores, las atrocidades y las perversidades que nos acostumbraron a vivir los “los de arriba”, seguirán hinchándose de dinero los dirigentes de los partidos políticos, colocando sus fichas donde convenga y donde puedan recuperar lo invertido “con más garantía” que la que representa que un familiar o amigo llegue al poder.

En ese sentido, el artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, dispone en lo que interesa, “los partidos políticos son entidades de interés público; la ley determinará las normas y requisitos para su registro legal, las formas específicas de su intervención en el proceso electoral y los derechos, obligaciones y prerrogativas que les corresponden. En la postulación de sus candidaturas, se observará el principio de paridad de género. Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, fomentar el principio de paridad de género, contribuir a la integración de los órganos de representación política, y como organizaciones ciudadanas, hacer posible su acceso al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo, así como con las reglas que marque la ley electoral para garantizar la paridad de género, en las candidaturas a los distintos cargos de elección popular.
En la realidad, coexisten algunos fenómenos orientados a que este precepto sólo sea un pergamino de buenos deseos, donde lo menos que existe es la participación del pueblo en la democracia; es así como, por un lado, primero y antes que nadie, en la lista de candidatos a diputados plurinominales, siempre, en primer grado, en superlativo y con mayúsculas, la primera posición la ocupa la dirigente o el dirigente del partido y en la posición 2, siempre irá, en los mismos términos y condiciones que el candidato a la 1, aquél o aquella que sea familiar o amigo, o la más o el más cercano de los políticos que respalden o apadrinen todos los actos u omisiones del dirigente del partido.
Después, vienen, un número indefinido de variables, que hacen imposible, que se cumpla la voluntad del constituyente, pues en la vida democrática del país, no puede participar un pueblo, que, ávido de participar, con requisitos bastantes como ser ciudadano mexicano, no alcanzan a cumplir con los requisitos –y filtros- que (un partido u otro), de izquierda, centro o derecha, en el pasado y en el presente les conminan a cumplir, empezando por el requisito que se impone a quien no es familiar, compadre, amigo, cercano o recomendado: el billete.

Este, recurso, billete o varo, que sobra, para el candidato o candidata que sea de la simpatía del dirigente, sin importar, si hay democracia o no, pues basta y sobra que el poder lo ejerza la organización política, cuya licencia deriva de la constitución, aunque no se cumpla el propósito inicial de llevar a las mujeres y hombres que si no garantizan, al menos, aseguran con su perfil, probidad, compromiso y responsabilidad en el ejercicio de su función como servidor de la nación.

El nepotismo y la herencia, son conceptos que se quedan cortos, comparado con el daño que estos partidos –con licencia de nuestra carta magna- han causado a México, convirtiéndose en la bolsa de trabajo oficial del verdadero poder fáctico. Los partidos políticos son la madre y el padre del nepotismo y el compadrazgo y todos sus derivados.
Será capaz algún legislador de ponerle el punto a la i?

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