* ¿Manda la Presidenta?¿Manda López Obrador?
* ¿Mandan las tribus? ¿Manda el miedo a Estados
* Unidos? ¿Quién gobierna?
Que laverdadera Claudia
Sheinbaum se ponga de
pie. ¿Es la Presidenta
que antes defendió a Rubén Rocha Moya como héroe de la patria? ¿Es la que ahora lo desconoce, lo reprende y lo acusa de
anteponer sus intereses personales a los de la nación?¿O es la
que pedirá a Morena que le retire elfuero para investigarlo?Tres
Claudias en unos días. Tres versiones incompatibles.Tres manerasde evadir la pregunta central
que atraviesa este espectáculo y
-cada vez más- al sexenio entero: ¿quién manda?
Rocha se fue. Rocha regresó.
Rocha se volvió a ir. Al parecer,
anunció su retorno sin avisarle
a la Presidenta. Morena primero lo arropó y luego lo dejó a la
intemperie. La FGR dijo que no
encontraba razones para investigarloyahora quizás sí. Gobernadores publicaron desplegados de
solidaridad y luego de condena.
Claudia lo defendió y ahora lo
denuesta. De pronto,
todos descubren que Rocha es un problema. Bienvenidos al gobierno de
la Cuarta Confusión. Cada explicación genera otra contradicción.
Cada aclaración abre otro boquete. En vez de usar a un subordinado como fusible para proteger
a la Presidenta, Morena hizo lo
contrario: colocóa la Presidenta
como fusible para proteger a la
mafia morenista.
Hay tres escenarios y ninguno es bueno. Uno: Sheinbaum
no sabía. Rocha regresó por sus
pistolas, sin consultarla. Si es así,
tenemos una Presidenta que se
entera por redes sociales de lo
que hacen los suyos. Dos: sí sabía, pero ahora finge que no. Estaríamos ante un montaje diseñado para deslindarla de una
operación tóxica. Tres: Rocha no
actuó solo. Y entonces hay que
mirar hacia Palenque. ¿De verdad AMLOpermaneció sentado
en su mecedora mientras todo
ocurría? ¿No opinó, no intervino, no operó? ¿Fue larebelión de
un hombre o una rebelión desde
la granja enPalenque? Porque el
expresidente conserva influencia,
lealtades operadores.Porque su
hijo Andrés López Beltrán enfrenta graves cuestionamientos
y la revocación de su visa ha elevado la tensión. Porque también
hay irritación en el obradorismo
por
reconocimiento que Omar
García Harfuch ha obtenido de
agencias estadounidenses como
la DEA.
Lo obvio es que Morena no
es un movimiento gobernado
desde un solo centro, un partido
institucionalizado. Es una confederación de tribus disputándose
candidaturas, posiciones, fueros
y protección. Y mientras tanto,
Washington se ha convertido en
actor políticodefacto en México.
Revoca visas. Formula acusaciones. Solicita extradiciones. Envía señales y cada señal provoca
un terremoto en Morena. Quienes denuncian cualquierpresión
externa como «injerencismo» todecisiones mirando dereojo
hacia el Norte. Soberanía de discurso. Nerviosismo de gobierno.
Yen medio está Sinaloa. Quienes
se envuelven todos los días en la
bandera del «pueblo» handejado
solo al pueblo sinaloense. Mientras las élites morenistas discuten
quién protege a quién y quién
manda sobre quién,
los ciudadanos pagan el costo de la violencia, la incertidumbre, el abandono institucional y las preguntas
sin respuesta sobre el piloto que
llevó a El Mayo Zambada a EU,
sobre el asesinato de Cuén, y sorutas que
conducen aRubén Rocha.
Por eso su nuevo retiro y su
no demuestran la fortaleza de
Sheinbaum. El sainete evidencia lo contrario: los sismos del
morenismo, las fricciones entre
Palacio Nacional yPalenquey la
inexistencia de reglas para determinar quién decide. La paradoja es notable: Sheinbaum parece
poderosa para concentrar mayorías, debilitar contrapesos, colonizar instituciones0estigmatizar
críticos. Pero frenteapersonajes
incómodos heredados del obradorismo, su poder se encoge. A
ratos ejerce el poder del Estado,
pero no siempre el poder sobre
Morena.
México no puede quedar a
merced dequiengane cada pleito
palaciego, ni gobernarse mediante mensajes en X, desplegados,
llamadas desde Palenque y rectificaciones mañaneras. El poder
sin reglas termina siendo una lucha por candidaturas, fuero, impunidad y protección. Rocha regresóy con élregresólapregunta
que Claudia Sheinbaum aun no
contesta. ¿Manda la Presidenta?
¿Manda López Obrador? ¿Mandan las tribus? ¿Manda el miedo a Estados Unidos? Porque
una Presidenta que manda sólo
aveces,sobre algunos, cuandola
dejan, no termina de mandar. Y mientras Morena decide quién gobierna a Morena, México sigue esperando saber quién gobierna.



