Urge la sencillez para lograr la justicia social: Arquidiócesis de Xalapa

* Ser sencillos es esencial para atender los procesos sociales, históricos, políticos y culturales de México y Veracruz, señala.

Irineo Pérez Melo.- La Arquidiócesis de Xalapa consideró que los mexicanos y veracruzanos deben tener y desarrollar un espíritu de sencillez, para buscar juntos la justicia social, lo que es fundamental ante los procesos sociales, históricos, políticos y culturales de México y Veracruz.
En el comunicado dominical emitido por la Oficina de Comunicación Social de esta asociación religiosa, se destaca que, al tener y desarrollar un espíritu sencillo, los principios morales claros y la creatividad permanente para participar y encontrar soluciones a los problemas de la inseguridad, violencia y corrupción que persisten en nuestro país y estado.
“Ser sencillo es abrirse al Dios de Jesucristo y a la realidad con todas sus circunstancias en que se vive, para seguir aprendiendo; no cerrarse interiormente pensando que ya se conoce todo”.
“Ser sencillo es estar dispuesto a dejarse enseñar por el Dios de Jesucristo, por la situación social que se vive y por los demás para buscar los caminos de vida digna, de paz duradera, de justicia social y de un desarrollo integral y sostenible”, se añade en el comunicado signado por el presbítero Juan Beristaín de los Santos.
En el documento se hace alusión al pasaje bíblico del evangelista San Mateo que describe con precisión el día en que Jesús sosprendió a todos dando gracias por su éxito con la gente sencilla de Galilea y por su fracaso entre los maestros de la ley, escribas y sacerdotes:
«Te doy gracias Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado la gente sencilla. Sí Padre, así te ha parecido bien» (Mateo 11, 25-26).
San Mateo expresa que los «sabios y entendidos» no entienden nada del mensaje nuevo y vivificante de Jesucristo. Ellos tienen su propia visión de Dios, de la realidad y de los demás; creen saberlo todo, no pueden aprender nada vital y nuevo.
Su visión cerrada y su corazón endurecido les impiden abrirse a la revelación del Dios de Jesús y a la novedad vital de un estilo de vida auténticamente humano y cristiano, se indica por último.