Focus Group/Jorge Ramón Rizzo*

* Tenemos ‘mundialitis’ y a la DEA ‘encima’

El jolgorio que se desató la noche del miércoles por la goliza de la selección mexicana sobre Chequia y el paso perfecto del equipo nacional en la primera ronda de la Copa del Mundo, duró apenas unas horas. Tuvimos rápidamente que regresar a la triste realidad que atraviesa nuestro país. Y el crudo recordatorio de la vulnerabilidad nacional llegó con las declaraciones de Terrence «Terry» Cole, director de la DEA, quien colocó formalmente a las organizaciones criminales de México como el objetivo número uno de los Estados Unidos.

Este anuncio representa un choque de realidad fulminante. Mientras la sociedad celebraba las hazañas del representativo nacional de fútbol, Washington delineaba una estrategia de confrontación directa contra los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación. Cole fue tajante al señalar que estas agrupaciones representan una amenaza sin precedentes por el tráfico de fentanilo, advirtiendo que su corporación avanza «a todo gas y sin frenos» para desmantelar sus redes.

Durante días, el país entero se sumergió en una burbuja de optimismo colectivo provocada por el paso perfecto de la selección mexicana de fútbol. Los triunfos en la cancha construyeron un oasis de celebración, donde los goles sirvieron como cortina de humo frente a los problemas cotidianos. Sin embargo, la realidad geopolítica no entiende de torneos ni de festejos populares. El crudo recordatorio de la vulnerabilidad nacional llegó con las declaraciones de Terry Cole, director de la DEA,

Para México, la declaración del mero mero de la Agencia Antidrogas estadounidense no es retórica y es mucho más que una simple advertencia, significa que la soberanía nacional y la seguridad interna estarán bajo un escrutinio asfixiante. Porque no podemos apreciar las palabras de Cole como una persecución de capos; tocan las fibras de la narcopolítica y sugieren una intervención operativa de gran envergadura en territorio mexicano; que nos lleva a mirar lo que ha hecho Donald Trump en aguas del Caribe o del Pacífico y el operativo de extracción de Nicolás Maduro en Venezuela.

Hoy, amable lector, el contraste es severo: De la fantasía lúdica de un triunfo deportivo, el país se ve forzado a regresar al debate sobre la violencia armada, la debilidad institucional y la dependencia de las directrices que emanan desde la Casa Blanca. Este pronunciamiento oficial no es una advertencia aislada, a mi parecer es la confirmación de que la Casa Blanca escalará su estrategia para combatir la crisis de los opioides, utilizando todas las herramientas legales, financieras, de inteligencia e incluso de fuerza a su alcance.

La realidad dictada por el Departamento de Justicia es que el fentanilo y el trasiego de drogas sintéticas son vistos en Washington como una emergencia sin precedentes. Los recientes megaoperativos y las acusaciones formales hacia funcionarios y exfuncionarios mexicanos por supuestos vínculos con el crimen organizado demuestran que la presión internacional no disminuirá.

Ojalá no quede relegada la diplomacia y que la cancillería mexicana asuma el reto de equilibrar el respeto a la autodeterminación, con la necesidad de frenar el poder financiero y territorial que estas organizaciones criminales ejercen en múltiples regiones del país. La disparidad entre la agenda pública, volcada al júbilo deportivo, y las prioridades de seguridad internacional de la superpotencia vecina expone una desconexión alarmante en el tejido nacional.

Y eso que durante este mes de junio, el Gabinete de Seguridad del Gobierno de México se ha empleado a fondo en frenar el tráfico ilegal de fentanilo, cocaína y combustible. Lo que ha generado «noticias bomba» por la intervención de sendos cargamentos de fentanilo en los estados de Baja California, Sonora y Sinaloa. Mientras que los aseguramientos de cocaína han sucedido en los estados de Colima, Guerrero, Michoacán y Tlaxcala. Sin olvidar los golpes al huachicol en Veracruz, Puebla, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León y Tamaulipas. Todo esto, en lo que va del mes de junio.

El abrupto choque con la realidad irrumpe en un momento donde viendo tantos operativos en todo el país por parte del gobierno de Claudia Sheinbaum, gran parte de la sociedad y el discurso oficial se encontraban inmersos en un estado de «vamos bien», rebasados por la euforia de ‘la mundialitis’, embriagados por los triunfos y el paso perfecto de la Selección Mexicana de fútbol. El contraste entre la algarabía deportiva y la severa agenda de seguridad internacional no podría ser más drástico. Mientras las calles celebraban los goles y el orgullo nacionalista florecía, el aparato de seguridad de Estados Unidos trazaba la línea de una ofensiva implacable que coloca a los cárteles mexicanos en la mira directa de su seguridad nacional.

El contundente anuncio en video del director de la DEA, Terrance «Terry» Cole, catalogando al Cártel de Sinaloa y al CJNG como los «objetivos prioritarios número uno» a nivel global, recibió una amplia cobertura mediática internacional en televisoras y medios de comunicación de alto impacto, como: El País, BBC, Newsmax, ABC News y Asociated Press. Sin dejar de señalar que las plataformas sociales en México estallaron con números récord de visualizaciones del vídeo de Cole.

La fiesta del fútbol eventualmente concluye, pero la crisis del crimen transnacional y la geopolítica continúan moldeando el destino de Norteamérica. El choque entre la euforia pasajera y la dura realidad geopolítica evidencia que México no puede aislarse de las presiones de su principal socio comercial. El gobierno mexicano está obligado a transitar de la retórica nacionalista a una estrategia de seguridad interna mucho más eficaz, que garantice la paz en el país y satisfaga las exigencias de la ciudadanía que reclama seguridad, mientras los vecinos del norte pretenden aplicar medidas unilaterales dictadas desde la Casa Blanca, que comprometan aún más la estabilidad regional. En lo que vemos ¿Qué pasa?… esperamos rival para México en la siguiente ronda, y no quitemos la atención a lo que haga mientras tanto la administración Trump contra los cárteles mexicanos.

*Periodista/Tlaxcala