Entre Tirios y Troyanos/Fernando Mendoza

* Académico, Analista Político y Consultor Media Training

*RUBEN ROCHA MOYA: Regresar para terminar de irse

Hay veces, dentro de la política mexicana, que las palabras son utilizadas para explicar hechos; en otras, para administrarlos, sin embargo, en ocasiones muy particulares, ocurre algo todavía más interesante: los hechos terminan explicando lo que las palabras intentaban ocultar y el caso de Rubén Rocha Moya acaba de ofrecernos uno de esos episodios.

Después de 112 días de licencia, el gobernador de Sinaloa anunció el viernes 21 de agosto su reincorporación al cargo. Su argumento era legalmente comprensible: había sido electo para gobernar hasta 2027 y, desde su perspectiva, las investigaciones y señalamientos que habían motivado su separación temporal no habían producido una determinación que le impidiera ejercer el mandato y regresó.

Así las cosas, cuando de pronto, sucedieron una serie de eventos que al parecer nunca estuvieron en los cálculos del Gobernador con licencia… El Gobierno federal se deslindó, Morena hizo lo propio, legisladores de su partido cuestionaron la conveniencia de su regreso, gobernadoras y gobernadores morenistas cerraron filas alrededor de Claudia Sheinbaum y reivindicaron que ningún interés personal puede estar por encima del proyecto colectivo… La propia presidente lanzó un mensaje inequívoco sobre los riesgos de un poder que se convierte en arrogancia.

El efecto de esos posicionamientos fue suficiente para que, al día siguiente, Rocha Moya volviera a solicitar licencia, ahora por tiempo indefinido y en consecuencia, el Congreso de Sinaloa terminó aprobándola por unanimidad.

Su regreso duró lo suficiente para demostrar que el problema no era exclusivamente jurídico, sino político, el derecho no siempre coincide con la conveniencia.

Con todo lo anterior, Morena no necesitó decir que Rocha es culpable, lo que hizo fue algo mucho más pragmático: separar la decisión de Rocha de la responsabilidad política del movimiento. Gobernación la calificó como una decisión personal, MORENA señaló que no había sido consultado. Legisladores morenistas cuestionaron el regreso y los gobernadores emanados de la 4T respaldaron públicamente a Sheinbaum.

El regreso cambió la dimensión del asunto, porque Rocha no regresó solamente a su oficina, regresó a la narrativa nacional y con él regresaron todas las preguntas que Morena y el Gobierno federal habían intentado mantener dentro de un marco institucional: las acusaciones estadounidenses, las investigaciones mexicanas, la relación con el crimen organizado, la violencia en Sinaloa y, sobre todo, la pregunta inevitable acerca de qué significa que un gobernador emanado de Morena enfrente semejantes señalamientos y continúe al frente del Ejecutivo estatal.

El verdadero problema, no ha sido necesariamente determinar, desde la política, si Rocha es culpable, el problema es el costo de que la discusión sobre Rocha termina convirtiéndose en una discusión sobre Morena.

Cada episodio relacionado con Sinaloa coloca su nombre en el centro del debate y cada vez que eso ocurre, alguien habla de la responsabilidad del partido que lo llevó al poder
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La propia Sheinbaum fue más contundente: habló de que ningún interés personal puede estar por encima del pueblo y la Nación, y advirtió sobre el poder que, sin principios, termina convertido en arrogancia. Posteriormente, al conocerse la nueva licencia, consideró que la decisión era lo mejor para Sinaloa.

El mensaje político fue suficientemente claro:
el movimiento no está dispuesto a asumir como propio el costo de una decisión individual y tal vez Morena no estaba defendiendo ni condenando a Rocha.
Tal vez estaba haciendo algo mucho más elemental: protegiéndose a sí mismo.

La nueva solicitud de licencia llegó apenas un día después de su reincorporación. En el mensaje con el que la acompañó sostuvo que Sinaloa, la Nación y el movimiento de transformación están por encima de todo, la frase merece atención, porque apenas unas horas antes, el argumento central había sido el derecho a ejercer el mandato constitucional, ahora el argumento era la prioridad del interés colectivo.

Cambió el escenario político y cuando éste cambia, incluso los derechos perfectamente legítimos pueden adquirir un costo que quien los ejerce debe evaluar.

Para Claudia Sheinbaum el episodio tampoco ha sido sencillo, defender a Rocha bajo la narrativa de la soberanía nacional le ha generado un gran costo político, sin embargo, el momento del regreso, le sirvió para tener una salida mucho más inteligente: no juzgarlo; desmarcarse de él.

La presidenta no necesitó declarar que Rocha era culpable, necesitó dejar claro que su decisión no comprometía al Gobierno federal ni representaba la posición del movimiento. Desde una perspectiva estrictamente estratégica, es una operación bastante eficiente.

Si las investigaciones no prosperan, nadie podrá decir que Morena lo condenó anticipadamente, y si prosperan, Morena podrá argumentar que nunca hizo suya aquella decisión, mientras tanto, el costo político inmediato se reduce.
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En política, nos guste o no, también consiste en administrar riesgos.
No estamos solamente ante un gobernador que pidió licencia, regresó y volvió a pedir licencia, estamos ante una demostración de los límites del poder individual dentro de un proyecto político que ha adquirido dimensiones nacionales.
Rocha invocó su mandato, Morena invocó el proyecto y Sheinbaum invocó el interés nacional.

La legitimidad jurídica, hoy queda subyugada a la legitimidad política y quizá ésa sea la verdadera razón por la que Morena reaccionó como reaccionó, no necesariamente porque haya asumido como ciertas las acusaciones contra Rocha, sino porque entendió que, en determinadas circunstancias, defender políticamente a una persona puede terminar costándole demasiado al proyecto que pretende proteger.

Rocha nunca perdió el derecho a gobernar, pero en estas últimas horas quedó claro que el poder no se sostiene únicamente con derechos; también necesita respaldo, confianza y oportunidad política.

Cuando esas tres cosas desaparecen, la silla puede seguir siendo constitucionalmente tuya y, sin embargo, políticamente dejar de pertenecerte… vaya paradoja que deja este episodio.

Quizá por eso, más que preguntarnos si Rocha ganó o perdió, convenga formular una pregunta distinta:
¿quién estaba realmente siendo protegido cuando Morena decidió tomar distancia?
La respuesta a esa pregunta puede decirnos mucho más sobre el caso Rocha Moya que cualquier comunicado oficial.

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