La Columna/Fanny Yépez

* De acuerdo a la aprobación de los gobernantes, así van a estar las votaciones
* Si un gobernante estatal o municipal no es bien visto, tienen un alto riesgo de perder sus candidatos
* Su gestión en economía y seguridad podrían ser de terminantes en las elecciones

Xalapa, Ver., 23 de abril de 2026.- Desde la óptica de los especialistas en opinión pública, los índices de reprobación de las autoridades en sus distintos niveles tienen una incidencia alta y directa en las elecciones, funcionando generalmente como un mecanismo de voto de castigo o un lastre para los candidatos del partido en el gobierno, especialmente si la desaprobación es persistente o se centra en temas sensibles como inseguridad y economía.

Por otra parte, el Impacto de la aprobación presidencial, como es el caso de la alta aceptación de la figura de la mandataria federal, Claudia Sheinbaum funciona como un «paraguas» y/o en contraparte se convierte en un «lastre», para los candidatos locales y federales de su partido.

En tanto que, la aprobación afectiva vs. desempeño, los especialistas observan que, a veces, los votantes pueden «aprobar» la figura presidencial afectivamente mientras «reprueban» su gestión en seguridad o economía. Sin embargo, si la desaprobación llega a niveles críticos, el impacto electoral es ineludible.

Elecciones intermedias, los índices de desaprobación suelen castigar más al partido gobernante en elecciones intermedias, ya que funcionan como un referéndum sobre la gestión.

Nivel Estatal (Gobernadores) y Local (Alcaldes):
Impacto directo, la desaprobación de alcaldes y gobernadores tiene un impacto más inmediato en la intención de voto local que la federal, ya que están más cerca de la problemática cotidiana del ciudadano.

Inseguridad y servicios, la inseguridad y el mal desempeño en servicios básicos son los principales motores de la reprobación y el consiguiente cambio de partido en el poder.

Cabe destacar que los mercadólogos establecen que la desaprobación alta de la figura gubernamental es el principal enemigo de la reelección inmediata de alcaldes, de los diputados federales y locales, porque evidencia un mal desempeño de la administración y es la percepción que tiene el ciudadano.

La desaprobación no siempre es racional, a menudo, los ciudadanos votan basados en la «moralidad» y la percepción de desinterés de la autoridad, no solo en su ineficiencia técnica.

El voto de castigo, los niveles altos de desaprobación aumentan la probabilidad de un voto de castigo, donde el electorado vota principalmente para quitar a un partido más que para poner a otro.

En contextos de alta polarización, una autoridad reprobada puede mantener cierto apoyo electoral gracias a programas sociales o una base dura, mitigando parcialmente el impacto electoral de su baja popularidad.

Estudios del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM señalan que, aunque la desaprobación puede movilizar a la gente a las urnas para castigar al oficialismo, el desencanto profundo y la falta de confianza pueden generar el efecto contrario: la apatía y el abstencionismo.

En resumen, la reprobación es una señal de alerta temprana para los partidos en el poder. Si no se revierte antes de la elección, tiende a traducirse en una disminución significativa de votos, castigando a los candidatos que buscan continuidad.

A los partidos gobernantes, si les interesa verdaderamente sostener su poder están obligados a evaluar la percepción que mantiene su figura ante el electorado, si los resultados de las mediciones son de reprobación están a tiempo de dar un golpe de timón y corregir acciones equivocadas, pero si los índices son favorables deben reforzar sus estrategias y encaminar a sus candidatas y candidatos y orientar las acciones hacia esa misma directriz.

Ahora vamos hacia el «fuego amigo» —ataques, filtraciones o críticas provenientes del mismo partido o coalición en el poder— provoca un daño significativo a la figura de gobierno, siendo particularmente letal en épocas electorales al minar la percepción de unidad y gobernabilidad.

Los principales daños que arroja es a la figura de gobierno, y el desgaste que genera a la imagen de unidad. El fuego amigo destruye la narrativa de cohesión del grupo gobernante, evidenciando luchas internas por el poder (ej. fracturas entre Morena, PVEM y PT en el Congreso).

El fuego amigo también genera una percepción de ingobernabilidad, cuando los aliados o miembros del mismo partido se atacan o bloquean iniciativas (como el freno a la revocación de mandato por el PT), se genera una crisis de autoridad que proyecta incapacidad para conducir el país.

Las disputas internas paralizan o retrasan reformas clave (ej. reformas electorales), debilitando la agenda de la presidencia.

También lanza un mensaje de vulnerabilidad ante la oposición, las filtraciones y ataques internos ofrecen munición directa a los opositores, quienes utilizan los señalamientos de corrupción o ineficiencia interna para atacar la credibilidad de la administración