*CUANDO LA PROPAGANDA ACELERA MÁS QUE EL VEHÍCULO: OLINIA.*
El gobierno Mexicano, presentó finalmente Olinia 1, el vehículo eléctrico impulsado con presupuesto público y anunciado durante meses como una muestra de innovación, soberanía tecnológica y capacidad industrial nacional.
No estoy cuestionando si el vehículo funciona, el punto es si esto era lo que debía generar orgullo nacional en un país que presume ser una potencia automotriz mundial.
Una cosa es construir expectativas y otra muy distinta es cumplirlas… veamos.
México ocupa desde hace años un lugar privilegiado en la industria automotriz global. En territorio nacional se ensamblan millones de vehículos cada año. Aquí producen algunas de las marcas más importantes del planeta. Exportamos automóviles a decenas de países y somos una pieza estratégica dentro de las cadenas internacionales de manufactura.
Bajo ese contexto, la presentación de Olinia 1, deja una sensación inevitable de desproporción ya que después de meses de anuncios, discursos y expectativas, el resultado es un microvehículo eléctrico urbano con velocidad limitada y destinado principalmente a trayectos cortos dentro de ciudades.
Probablemente sí tenga una utilidad específica y pueda convertirse en una alternativa de movilidad para algunos sectores, pero… ¿Realmente representa una revolución tecnológica mexicana?… Difícilmente.
La pregunta más importante no es tecnológica, en mi opinión, es financiera.
Detrás de cada fotografía oficial, cada evento de presentación y de cada discurso triunfalista existe algo que rara vez aparece en las conferencias de prensa: dinero público, dinero de los contribuyentes.
Dinero que sale de millones de mexicanos que esperan mejores hospitales, mejores carreteras, mejores escuelas, mejor seguridad y mejores servicios públicos.
Por eso, considero que la discusión no consiste únicamente en cuánto ha costado Olinia hasta ahora.
La verdadera pregunta es acerca de lo qué recibirá México a cambio de esa inversión.
Cuando un gobierno decide invertir recursos públicos en un proyecto industrial, el criterio de evaluación no puede ser la simpatía política ni la carga ideológica del discurso.
Debe medirse por sus resultados, tener claro si generará una nueva industria, o si tal vez desarrollará tecnología propia, patentes mexicanas, capacidades científicas estratégicas o si reducirá la dependencia tecnológica del extranjero.
Las respuestas hasta ahora, siguen siendo ambigua y cuando esto es así, lo que suele crecer son las dudas, más aún cuando el proyecto ha sido presentado con una intensidad comunicacional muy superior a la dimensión real del producto, con lo cual, llegamos a la segunda lectura: La lectura política.
Olinia 1 parece responder menos a una lógica industrial y más a una lógica narrativa ya que no se presentó únicamente un vehículo, se presentó un símbolo que permite alimentar varios de los conceptos favoritos del actual régimen: soberanía, autosuficiencia, orgullo nacional, transformación y rescate del Estado como motor del desarrollo.
Desde el punto de vista político, el movimiento es comprensible, los gobiernos necesitan símbolos, historias, ejemplos visibles que materialicen sus discursos.
El problema aquí es que el símbolo resulta más grande que la realidad que intenta representar y entonces deja de ser técnico y se convierte en político.
Entre más elevada sea la expectativa, más dura puede ser la comparación con los resultados.
El principal desafío no es contra Tesla, BYD o Nissan, el desafío principal es contra la narrativa construida por el propio gobierno, porque fue este quien lo presentó como una muestra de soberanía tecnológica, fue el propio gobierno quien elevó el nivel de expectativa, quien intentó convertir un vehículo urbano en una metáfora del futuro industrial del país, y pues toda metáfora corre el riesgo de romperse cuando se confronta con los hechos.
Por eso la dimensión más interesante de Olinia quizá sea la simbólica ya que durante años, el discurso oficial ha sostenido una idea recurrente: México vive una transformación histórica.
Todo parece formar parte de una epopeya nacional:
Un aeropuerto es histórico, un tren es histórico, una refinería es histórica, un programa social es histórico y ahora también un microvehículo eléctrico presentado como un acontecimiento histórico.
¿Realmente estamos frente a una transformación industrial o frente a una inflación permanente de símbolos políticos?
Cuando todo es histórico, eventualmente nada lo es, cuando todo es extraordinario, lo extraordinario deja de existir y cuando cualquier proyecto es presentado como una hazaña nacional, el concepto mismo de hazaña termina perdiendo significado.
México merece aspiraciones más grandes y no porque Olinia sea pequeño, sino porque México es demasiado grande, somos una potencia manufacturera, una de las economías más importantes del planeta y contamos con universidades, centros de investigación, ingenieros y talento suficiente para competir en desafíos tecnológicos de enorme escala.
Por eso el debate no lo centro en las dimensiones del vehículo ni mucho menos su concepto, lo centro en las dimensiones de nuestra ambición nacional.
Una nación que fabrica millones de automóviles para el mundo debería estar discutiendo cómo liderar la próxima generación de baterías, software vehicular, inteligencia artificial aplicada a la movilidad y sistemas avanzados de almacenamiento energético.
Sin embargo, hoy estamos discutiendo si un vehículo urbano de velocidad limitada justifica la narrativa de soberanía tecnológica que se construyó alrededor de él.
Esa diferencia explica buena parte de la decepción que muchos mexicanos experimentaron al observar la presentación.
Quizá Olinia encuentre mercado, quizá sea útil o incluso logre consolidarse como una alternativa viable para ciertos sectores urbanos.
Pero aunque eso ocurra, seguirá pendiente la pregunta fundamental:
¿Era esto lo que justificaba tanto discurso sobre innovación, soberanía tecnológica y orgullo nacional?… cuando la propaganda acelera más que el vehículo, tarde o temprano la realidad termina alcanzándola.
El problema de Olinia no es que sea un automóvil pequeño; el problema es que fue presentado como un proyecto gigantesco.
Los leo.
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Este análisis se elaboró con información de:
La Jornada, Forbes México, Xataka México, Excélsior, SinEmbargo, El País y sitio oficial OLINEA.
*Su estructura fue filtrada en más de 5 plataformas diferentes*
* Académico, Analista Político y Consultor Media Training



